Christian Perharde Capitulo I: Paladin

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Christian Perharde Capitulo I: Paladin

Mensaje  Melbine el Lun Sep 05, 2016 8:35 pm

Capítulo I: Paladín
Transcurría el año 17 (D.P.) y tras el paso de la guerra, parecía que por fin, habría una paz longeva en el reino humano de Lordaeron, que se encontraba en su apogeo y daba lugar a grandes héroes y caballeros. Pero esta paz, estaba a unos pasos de terminar.
Esta historia se centra en el hijo mayor del Capitán Timothy Perharde, Christian, quien aprenderá desde pequeño, que no todos los cuentos tienen un final feliz...


-¡Christian, ven a almorzar hijo!- Los gritos de la joven se habrían escuchado a millas, llamado encarecidamente a su pequeño hijo, quién se encontraba jugando con algunas ovejas que habían escapado del corral, -¡ya voy madre!- respondió entre risas el niño, antes de ser arrollado por una oveja algo enfadada, -¡Oh no, Christian!- la mujer corrió hacia su hijo, que tirado en el suelo, se echó a reír al ver lo tonto que había resultado su “accidente”, -¿habrá algún día que no me asustes, hijo?- le pregunto, indignada, su madre, al tiempo que lo ayudaba a levantarse y le sacudía algo de césped y tierra de la ropa. – ¡Siempre te la pasas metiéndote en problemas pequeño!-, continuo regañándole su madre, mientras Christian miraba a lo lejos, como una figura conocida se acercaba al hogar. Un hombre sobre un caballo se aproximaba a paso raudo, -¡Padre!- exclamo Christian, ignorando las quejas de su madre, y echo a correr hacia la cada vez más cercana, figura de su padre.                                              

Al llegar hasta su padre se detuvo en seco, puesto que noto que otro hombre venía detrás de, en otro caballo. La timidez y algo de vergüenza lo habían hecho enrojecer, -¿Que pasa hijo mío?, ¿tan difícil para ti es abrazar a tu anciano padre?- le pregunto su padre, sonriendo ante la bienvenida de su pequeño hijo. Christian miro a su padre y no lo dudo, se le echo a la cintura y lo abrazo, a punto de soltar lágrimas. Su padre se arrodillo, haciendo un sonido de acero al mover las placas y lo abrazo también, acariciando su cabello. Detrás de Christian se acercaba su madre, observando con una mezcla de enfado y alegría, -creí que tardarías más en volver, Timothy-, el rostro de la joven iba perdiendo el enfado a medida que observaba aún más a su esposo e hijo. –La campaña fue exitosa y no había demasiado que hacer. Así que el comandante me exigió que acompañase al caballero...- sin soltar a su hijo, Timothy señalo detrás de él, al hombre que acababa de llegar y descendía de su caballo,  -Sir Melbine, señora Perharde, es un honor conocerla a usted y a la familia del Capitán Perharde- el muchacho, que no parecía tener más de 30 años, se inclinó ante la familia, sin dejar de sonreír, y luego observo a Christian, -y tú debes ser Christian...es un honor caballero.- Melbine observo al pequeño fijamente y para su sorpresa este le devolvió la mirada, se acercó a él y le extendió la mano, -Así es, soy Christian Perharde- le informo el niño, con el ceño fruncido. Melbine estrecho su mano, y luego paso a dirigirse a Timothy, mientras, Christian noto que ese caballero emanaba una sensación de paz...no cabía duda: era un Paladín. –Señor... ¿es usted un Paladín?- pregunto Christian, observando al hombre, -Vaya Capitán, su hijo no solo es valiente, sino también muy perceptivo. Pues, si pequeño, así es, soy un miembro de la Orden de la Mano de Plata.- le respondió Melbine, con firmeza. Los ojos del pequeño se abrieron con sorpresa, pero antes que pudiese decir algo, su madre lo tomo del brazo y lo llevo dentro de la casa, -¿Timothy, desean beber algo tú y el caballero?- le pregunto ella, mientras se alejaba con Christian, que no paraba de intentar escapar, -prepáranos dos jarras de Hidromiel, Bellamy, por favor.- le respondió Timothy mientras se ponía de pie. Su mujer asintió y entro en la casa, arrastrando a su hijo tras ella.

-Su hijo tiene valor, Capitán y además parece tener algo especial en él...- le informo Melbine a Timothy, mientras iba a amarrar su caballo.
-Lo sé Melbine, él es mi orgullo. Pero no deseo que tenga una vida como la nuestra...guerras, muertes, vivir en constante peligro...No, no, no. No quiero este destino para mi hijo- le respondió con firmeza Timothy, mientras lo acompañaba.

-Mi padre también ansiaba un destino diferente para mí, Capitán. Pero La Luz termino involucrándome en el ejército y luego en este camino que ahora sigo. Usted deberá saber...que quizás su hijo si quiera ese destino.- dijo Melbine, luego de amarrar el caballo.
-...Aun es un niño, no me perdonaría que él tomara una espada a tan corta edad, Melbine.- respondió Timothy, algo apesadumbrado.-
-Claro que no, Capitán, no será necesario que lleve a cabo terrible acción, gracias a La Luz, el reino ha estado en paz durante varios años...- Melbine intentaba alejar esa idea de la mente de Timothy.

-Si así es...pero tampoco puedo olvidar la ferocidad de esas bestias. Y aun menos ahora, Melbine, que dos vidas dependen de mí.- respondió Timothy, al tiempo que se oía la voz de una niña desde dentro de la casa. Melbine miro a la casa, algo sorprendido, pero siguió caminando junto a Timothy.
-Con permiso.- dijo Melbine al entrar en la pequeña casa. Pequeña sí, pero muy bonita y bien atendida. –Por favor, Sir Melbine, pase y tome asiento- le indico Bellamy, mientras le señalaba unos sillones bastante mullidos. -Glasy, tráeme aquellas jarras, por favor- le indico Bellamy a una pequeña niña que se escondía tras la mesa, -¿Glasy, me estas escuchando?- pregunto su madre, algo molesta. – ¡Yo las llevare madre!- exclamo Christian que bajaba las escaleras corriendo y luego se dirigió a la cocina.

Tras Melbine, (que tomo asiento en un sillón), entre Timothy, quien al ver a su pequeña hija sonrió y se acercó a ella, mientras que la niña estallo en llanto y corrió a abrazar a su padre, -¡Pa-Padre!- el llano de la pequeña le impida hablar, por lo que se limitó a abrazarlo con fuerza, mientras que Timothy evitaba las lágrimas y la estrechaba con fuerza. Luego de unos minutos, la pequeña calmo su llanto, -ven Glasy, acércate a saludar a Sir Melbine.- le indico su padre, tomando su mano y llevándola, pese a cierta resistencia de parte de la pequeña. – ¡Él es una Paladín, Glasy!, ¡Un Paladín!- grito Christian mientras se acercaba cargando dos jarras llenas, (siempre a punto de tirar una), -Christian Perharde, ¡dame eso!- le dijo su  madre, mientras le arrancaba las jarras de las manos y las llevaba ella hacia la mesa. –Ho...Hola señor Paladín- saludo Glasy mientras tanto a Melbine, sin soltar la mano de su padre, Melbine le sonrió a la pequeña y dijo, -es un placer señorita Perharde, veo que su padre no mentía, está usted muy crecida ya y bonita-. Glasy se puso roja como un tomate y echo a correr hacia su madre, mientras Timothy se reía, -ella siempre es así de tímida con los visitantes, Melbine, no te preocupes.- le tranquilizo Timothy, al verlo algo preocupado. –No le preste atención, Sir Melbine... ¡mi hermana siempre le tiene miedo a todo!- exclamo Christian, que se había sentado cerca de ellos, en la alfombra. –Hijo, no hables así de tu hermana.- le regaño su padre, mientras tomaba asiento y recogía una jarra de la mesa.

Melbine sonrió,  mientras tomaba una jarra y luego le dirigió una mirada rápida a Christian:
-¿Tu proteges a tu hermana, pequeño?- le pregunto, mientras bebía.
-¡Claro que sí!, a ella nunca le pasara nada. Porque yo siempre estaré ahí.- le respondió Christian con firmeza.
-Como ves, Melbine, mi hijo conoce que la familia es lo principal aquí.- acoto Timothy, mientras bebía.
-¿Y cómo la protegerías, Christian?- volvió a preguntar Melbine, mirando de reojo a Timothy.

Christian miro a su padre de reojo y luego volvió la vista hacia Melbine, -seré el mejor soldado de Lordaeron.- le dijo seriamente. –Bien, como veo, nos hemos desviado de lo nuestro Sir Melb...- intento interrumpir Timothy, aunque se detuvo ante un gesto que le hizo Melbine con su mano, -¿nunca pensaste...en ser algo más que un soldado, Christian?- le pregunto Melbine, ante la mirada algo sorprendida de Timothy y su hijo. –No...No señor, no sé cómo hacerlo, solo se pelear, porque mi padre me ha enseñado...- se sinceró el pequeño, algo avergonzado. –Tú podrías ser mucho más que un simple soldado, Christian. La Luz es fuerte en ti. No lo olvides.- le informo Melbine, dejando al pequeño absorto en sus pensamientos y a Timothy y a su esposa algo intranquilos.

El resto de la tarde transcurrió de manera tranquila, Melbine y Timothy debatieron sobre los puestos de defensa de las fronteras, mientras Christian los observaba y pensaba en las palabras de Melbine, “La Luz es fuerte en ti”, “Yo, un Paladín...”, pensaba el pequeño y se imaginaba vestido como Sir Melbine: una armadura dorada y una espada que por alguna razón...emanaba calor, si, calor, apenas lo había empezado a notar cuando llamo su atención. -¿Sir Melbine, por que su espada emana calor?... ¿acaso se está quemando?- pregunto algo asustado Christian, sin apartar la vista de la espada. –Oh, ¿esto?- Melbine señalo la funda, riendo –no pequeño, claro que no. Ven, mientras me marcho te enseñare porque.- le ofreció Sir Melbine, al tiempo que se ponía de pie. –Padre, ¿puedo...?- le pregunto Christian a su padre, algo temeroso. Timothy suspiro, pero para sorpresa del niño, sonríe y asintió con la cabeza, ante la mirada algo estupefacta de su esposa, detrás de él. Christian sonrió y salió tras Sir Melbine, quien se despidió amablemente de Bellamy y de la pequeña, saludo que ambas respondieron, aunque la mujer lo miraba con algo de enfado.

Una vez afuera, Melbine tomó la empuñadura, -Pequeño, aléjate un poco- le indico a Christian, que miraba con excitación a la hoja salir de su funda, - Esta es Feel’Shet, la hoja de la furia - le explicó Melbine a Christian, quien miraba la espada algo decepcionado, al notar que solo era una espada ordinaria, mirada que Melbine notó y sonriendo dijo, - ¿no parece gran cosa, eh?...obsérvala bien, ahora.- luego de decir estas palabras, la hoja se envolvió en llamas doradas, parecía que todo a su alrededor ardía y quemaba. Si bien Christian estaba a varios metros de Melbine, el calor llegaba hasta él y por extrañas razones, le hacían sentir seguro y confiado. -¡es como aquella gran espada sobre la que hablaba mi padre!- le gritó a Melbine, tapándose el rostro debido al calor. Luego de esas palabras, Melbine guardo su espada, apagando las llamas inmediatamente, y luego se acercó a Christian, -Seguramente tu padre te habrá contado sobre la poderosa Crematoria. Pero déjame decirte, que esa espada no tiene comparación. Es única e inmejorable, esta pequeña espada que yo tengo en mi poder, es mucho más débil que la gran Crematoria, pero aún así, cumple su deber.- le explico Melbine sonriendo, mientras volteaba y observaba a Timothy acercarse, -de nuevo, cuídate Melbine-. Le dijo Timothy al estrechar su mano, -Y usted también Capitán, cuídese y cuide a su familia...y cualquier problema, no dude en buscarme.- le indico Sir Melbine, quien se alejaba rumbo a su caballo, -descuida Melbine, así lo haré.- le respondió sonriendo Timothy. –Cuídate tú también, Christian- le dijo al pequeño mientras se alejaba, -¡y usted también Sir Melbine!- le grito el pequeño, aun emocionado por el espectáculo de la espada, siguió a Melbine con la mirada hasta que este monto su caballo, saludó desde la lejanía y se alejó.

Mientras volvían a la casa, Timothy notó que su hijo lo miraba bastante intranquilo, por lo que, se detuvo y giró hacia Christian, -¿Qué ocurre hijo?, te veo bastante nervioso.- le pregunto al pequeño, cruzándose de brazos. –Padre...no quiero ser un soldado cuando crezca...- le confesó Christian, aún más nervioso. Timothy, suspiro por unos momentos, pero luego, (entendiendo la afirmación), preguntó, -¿entonces, que quieres ser?-. Le clavo la mirada a su hijo, que lo miro firmemente a los ojos y sin la timidez anterior le respondió:
-Quiero ser un Paladín-
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