El Nacimieneto del Ala Dorada

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El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:03 pm

Alzamiento

La Fundación del Ala Dorada

Capítulo 1:


“Recuerda que el conocimiento es un regalo para aquellos que lo saben valorar pero por si solo no basta, si quieres llegar lejos como prodigio de la familia Albaplateada debes desarrollar más tus habilidades… hija mía, nunca olvides estas palabras… el conocimiento es tu legado"

La sensación de incertidumbre la envolvía, como si aquella noche un suceso trascendental no solo para ella, ni siquiera para su familia, si no aún más allá del reino estuviera por ocurrir. Allí estaba ella, con sus brazos extendidos sobre aquella mesa, a la luz de una pequeña lámpara que brillaba con magia arcana que la misma maga dirigía; el trabajo era arduo, varias columnas de libros, pergaminos, grimorios y tablillas yacían frente a ella esperando a que las acomodara en las estanterías de la biblioteca, aunque, en la oscuridad de aquella noche, aun la resplandeciente Silvermoon parecía adormecerse, la joven maga no sería la excepción.

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-No importa lo que pase, quiero que ustedes se queden aquí y protejan este lugar, el corazón de la familia Albaplateada no se extinguirá este día. - Las palabras provenían de un Elfo mayor que no aparentaba tener menos de 200 años, su tez era blanca y su rostro sumamente definido; vestía prendas de hilo fino, lo cual demostraba que no era un elfo del común, parecía ser miembro de la plebe de la ciudad; sin embargo, sus ropas no parecían ser adecuadas para enfrentar el caos que reinaba en las calles aquel día. En la noche, el reinado de fuego y muerte azotaba las calles de Lunargenta, mostrando a los escasos supervivientes una visión hórrida de cientos o miles de cuerpos que alguna vez habían sido sus hermanos altos elfos, aquellos días de pena no habrían de acabar pronto; porque lo impactante de aquella vista se extendería decenas de meses hasta la reconstrucción de Lunargenta, daño, que aún después de varios años ha dejado sus cicatrices imborrables en la tierra.

Ahi estaba ella, ante el monstruo que había traído tal destrucción, su cara desfigurada por una sonrisa tan malévola, y unos ojos tan oscuros y profundos ante los cuales nadie podría sostener su mirada, su sonrisa pronto se convirtió en una macabra carcajada que ensordecía su mente.

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Repentinamente, ella despertó de golpe mientras su respiración parecía agitada, ahí, frente a ella, estaban todos esos malditos libros aún sin organizar, “maldita sea” pensó, “si tan solo ese animal no hubiera venido a nuestro reino no tendría que estar haciendo esto”, dio un leve suspiro, indignada, antes de levantarse de golpe de aquella incómoda silla que le había servido de reposo durante, ¿media hora? ¿o quizá una?, quizá eso era más de lo que conseguiría dormir durante los siguientes días, ya que organizar la monumental biblioteca que tenia por herencia la familia Albaplateada, una de las más grandes de Luanrgenta, sería una tarea que a ella sola le tomaría semanas, o tal vez meses.

Acomodar libro por libro, minuto tras minuto, hora tras hora, parecía no ser una tarea tediosa para ella, al fin y al cabo este había sido su espacio habitual durante los últimos años, años que había dedicado por completo al estudio de la magia. La magia en la sociedad elfa, y más especialmente, en su familia era una tradición hereditaria de las más alta estima. En Lunargenta, las familias de magos eran mas respetadas mientras mas ascendieran sus descendientes entre los magistri, la orden de magos mas conocida de la ciudad. Los magistri habían sido durante siete mil años los mas leales sirvientes de la familia real Caminante del Sol, y a pesar de las nuevas órdenes sociales que habían surgido en los siguientes años, seguían siendo la mas poderosa fuerza dirigente de la sociedad Sin’dorei; los Albaplateada se habían destacado por años, siendo reconocidos por la familia real como una de las mas altas castas entre los magos de Quel’talas.

La joven Elfa continuaba con su labor, solo para detenerse repentinamente a inspeccionar algunos de los materiales que pasaban por sus manos, la biblioteca era tan grande que a pesar de sus casi 80 años de estudio de magia varios de los libros que encontraba nunca antes habían pasado por sus manos. Aun a pesar de esto, la destrucción de la ciudad a manos de la plaga y las consiguientes tragedias del asedio, como el incendio ocurrido en el lugar habían arruinado varios de los tomos más prestigiosos que poseía su familia. La ira entonces se apoderaba de ella, joven pero impaciente la serenidad no era una de sus mayores virtudes, quizá este fuera un motivo por el cual detestara tanto las desiciones que había tomado el nuevo dirigente de Lunargenta, Lor’themar Theron en su posición de regente, aliándose con la Horda, y en especial, con aquella plaga horripilante de no-muertos que alguna vez habían arrasado su ciudad.

No habría de pasar mucho más esta noche, salvo unos cuantos libros más entre sus manos, - los secretos de la conjuración, tomo 1, tomo 2 y tomo 3, controla la magia de tu ambiente, escuela de ilusión, controla el fuego y la escarcha, Del uso de la invocación, y “vaya… que material mas curioso” pensó, Secretos para controlar tu sed de magia - celosamente, ella miro hacia los lados y apoyo el libro sobre el escritorio frente a la silla de forma disimulada, como su hubiese alguien más que pudiera observarla en aquella biblioteca oscura.

La noche habrá de pasar, y el Sol brillará una vez más sobre Quel’talas.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:04 pm

Capítulo 2:

Era un día normal en el bazar, como cualquier otro día, la actividad en la plaza mercante se intensificaba a medida que se acercaba la hora en que el sol se situaba en lo más alto del cielo, a lo largo del amplio y recién reconstruido lugar se paseaban cientos de ciudadanos haciendo sus quehaceres diarios, la vista era envidiable, desde lo más alto de la torre donde aquel elfo observaba el paisaje de la ciudad. Allí, en ese reducido, pero elegante espacio el elfo dirigía su mirada hacia la plaza, varios pisos abajo, mientras tocaba rítmicamente sus dedos contra el marco de la ventana en madera. Repentinamente el sonido de unos pasos acercándose desviaron su atención hacia la escalera en espiral del otro lado de la habitación.

-Sir Valerian, un magistri ha venido a visitarlo… - a lo que el Elfo contestó con un ademán para que el invitado pasase. Al cruzar la cortina roja que separaba la escalera de sus aposentos, Valerian pudo observar a otro elfo de aspecto impecable ingresar al lugar. Sus distintivas túnicas pertenecían claramente a la Orden de los magistri, el cortés Elfo se inclinó agraciadamente saludando a Valerian que, sin embargo, lo observaba impasible, como si ya conociera a su visitante.

-Déjate de formalidades y di a qué has venido - el formal Elfo se levantó de su agraciado ademán y dirigió su mirada al rostro de Valerian de forma certera.

-He traído un mensaje del gran magister, algo que quizá pueda interesarle-

-¡No pierdan su tiempo!- reclamó Valerian desde el lugar donde yacía sentado -¿crees que tu y los tuyos podrán engañarme? se bien de que lado están, y los errores que han cometido engañando a nuestra gente con falsas promesas-

-Las medidas que se han tomado han sido justas Valerian- replicó el magistri -Si no tomamos acción alguna nuestra gente perecerá-

-¿me está diciendo que la única solución que propone el príncipe es corromper a nuestra gente?- respondió Valerian con un tono cada vez más altivo -Ayudar a los humanos es algo… pero robar magia demoniaca es cruzar un límite -

Ante tal afirmación el magistri guardó silencio.

-Los mensajeros llegan constantemente, todos afirman que Kael’thas volverá y nos llevará al paraíso, sin embargo, si con esa mentira quiere engañarme no lo va a lograr, el lugar en donde se encuentra dista mucho de ser el escenario preciso para la reconstrucción de nuestro hogar -

-Deberías cuidar tu lengua Valerian- pronunció el magistri -a pesar de lo que crees aún hay muchos elfos que creen en el destino que el príncipe les ha prometido, para ellos tu podrías ser un traidor, el Señor Regente y el Gran Magister no dudarían en silenciarte si cometes alguna imprudencia-

-Si quieren ver donde esta el traidor, basta con pasear un rato por la ciudad, y observar esos cristales que hay por las calles- Valerian giro su mirada y por primera vez observó a su visitante con sus profundos ojos manchados con la esencia verde vil.

El magistri dio vuelta, luego de observar a Valerian por unos segundos, tan solo antes de atravesar la cortina roja que lo separaba de las escaleras por donde había ingresado se detuvo.

-Alguna vez fuiste un destacado comandante Valerian, serviste al linaje, al Rey y al Príncipe, incluso ahora se te ha dado el privilegio de liderar a los Guardialba-

-Puesto que hice bien en rechazar - alegó Valerian

-solo espero que las desiciones que estás tomando no tengan mayores represalias, cualquier imprudencia que cometas será inmediatamente catalogada por traición… y para ese momento, ya será muy tarde para que escuches -

El magistri se retiró del lugar, Valerian escuchó sus pasos alejarse descendiendo por la escalera en espiral.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:05 pm

Capítulo 3:

-Ha pasado mucho desde la última vez que te vi- dijo una voz proveniente desde el pasillo externo, ella apenas se inmutó girando levemente su mirada, a pesar de que no logro ver a nadie a sus espaldas, sin embargo parecía reconocer la voz que la llamaba.

-Si, eso parece, hace bastante que no venías por este lugar, pero ¿acaso sabes lo que es llamar antes de entrar?-

-Esta biblioteca fue un lugar abierto al público durante años- alego la voz cada vez más cercana -no pensé que necesitara llamar para entrar a un lugar así-

-Si, tal vez si te dieras cuenta que ahorita precisamente está cerrada por… remodelación- dijo ella en un tono sarcástico, justo antes de apoyar el tomo que se encontraba limpiando de una gruesa capa de polvo sobre el escritorio y dar la vuelta, para el momento preciso en que un Elfo alto y de buen porte ingresaba en el cuarto.

-Veo que no has perdido tu toque, es un gusto volverte a ver Erylem- dijo el Elfo asomando una leve sonrisa en su rostro, a lo que ella respondió con un gesto similar.

-Si, claro, también es un gusto volverte a ver Valerian- dijo ella justo antes de hacer un ligero ademán al estilo militar con sus brazos

-Te falta práctica niña- dijo el luego de reír burlonamente durante unos segundos.

-Si, no fueron muchas las veces que fui a visitarte a la academia- dijo ella -prefería pasar mi tiempo estudiando un poco-

-Eso puedo notarlo- dijo Valerian alzando su mirada para observar el ambiente que rodeaba a la joven elfa -parece que has dedicado semanas a ordenar este lugar-

-Si, quien iba a imaginar que quedaría tan destruido, sin embargo, es bueno ver que aún le atrae al público, quien iba a imaginar que el mismo Valerian Filoalba vendría a visitar la biblioteca Albaplateada- dijo Erylem antes de girar para observar al fornido Elfo mirar sobre el escritorio donde ella había dejado varios libros hacia noches atrás.

-¿Que haces ahí?- preguntó ella incómodamente.

-¿enserio estas leyendo esto?- dijo él asomando un gesto de burla incandescente en su rostro.

-¿Que? preguntó ella…- “el libro sobre la sed de magia” pensó ella -Noo, no como se te ocurre, eso fue solo un libro que encontré aquí entre el desorden-

-Mas te vale que sea así- dijo Valerian entre risas.

-Creo que no volveré a dejarte entrar en este lugar sin que llames a la puerta primero- respondió ella.

Luego de varios segundos de risas, el Elfo cambió su semblante mostrando un rostro mas serio, Erylem notó el cambio y de igual manera decidió prestar mas atención a lo que el Elfo había venido a decir.

-¿Que has sabido de tus padres?- preguntó Valerian mirando directamente a la joven ella, quien desvió su mirada al suelo en tono de preocupación.

-Acostumbraba recibir mensajes de su parte regularmente, aproximadamente uno al mes, sin embargo… hace cinco meses que no volví a recibir nada de ellos-

-Eso es bastante sospechoso, no es algo usual de parte de ellos -

-¿acaso crees que..-

-No te recomiendo que pienses nada negativo, sin embargo todo esto va marchando muy mal desde que ellos se fueron a Terrallende-

-No me gustaría pensar que ellos han muerto, pero quizá…-

-Dudo mucho que sea eso, normalmente cuando un soldado cae en batalla, se le informa a sus familiares inmediatamente, pero en este caso…-

-…no me ha llegado nada- dijo Erylem entre un susurro, tras esto reflexionó durante unos segundos para decir -¿tu no puedes hacer nada? eres prácticamente un miembro de las fuerzas de alto rango terrestre, un Guardialba, seguro que puedes enviar un mensaje preguntando por su estado-

-Ya no soy militar de la orden, Erylem- contestó Valerian secamente

-¿Que?- preguntó ella sorprendida -¿Que sucedió? durante años fuiste un respetado miembro de las fuerzas de Lunargenta, luchaste al lado de mi padre durante años ¿que paso contigo?-

-Las cosas han cambiado, demasiado... mi lealtad a Lunargenta fue y sigue siendo incuestionable Erylem, sin embargo, nuestro pueblo ha cambiado, desde el ataque de la plaga se han puesto en marcha acontecimientos que indiscutiblemente transformarán el destino de nuestra gente, temo que sea para mal-

-no puede ser tan malo Valerian, el príncipe mismo ha ido en busca de la solución a las dificultades que enfrentamos actualmente, así eso signifique aliarse con… humanos u otras bestias inferiores-

-Que novata eres aún niña- dijo Valerian mirando a la joven elfa con una mirada enternecida, como si mirase a una recién nacida -nada mas mira a tu alrededor, sal de esta biblioteca a caminar a las calles, mira a nuestra gente corrompida por esa energía mágica vil que el príncipe nos quiere vender como solución a nuestros problemas… ¡mírate a ti misma!, mírame a mi, nosotros, que tanto nos regocijábamos por nuestro conocimiento y nuestra gloria ¿rebajados a servir a los humanos? ¿nagas? ¿absorbiendo magia demoniaca? ¿a donde crees que nos llevará todo esto?, claro… sin dejar de lado al señor regente y sus sabios consejeros…- Valerian gira su mirada para observar a Erylem -No creerás de quien estamos recibiendo ayuda contra la plaga en el bosque más allá de Lunargenta, nada más y nada menos que los Renegados, no-muertos que se proclaman libres de la influencia de Arthas, sin embargo, aun cuando entre sus filas yacen antiguos habitantes de Quel’talas, muertos en vida ¿Desde cuando a alguien se le atraviesa por la mente aliarse con semejantes criaturas?-

Erylem escuchó cada palabra del largo discurso del Elfo con la mirada perdida, aunque no se sabía exactamente si había atendido a sus palabras o se había perdido en sus pensamientos.

-Tus padres eligieron el lado equivocado en esta crisis Erylem, no es de mi incumbencia las desiciones que ellos hayan tomado, sin embargo, tu… tienes potencial -

-¿a que te refieres?- preguntó ella de forma curiosa.

-Varios comandantes como yo, que piensan que nuestros líderes están tomando las desiciones incorrectas han renegado de sus cargos y han dejado las fuerzas militares de Lunargenta, todo para unirnos bajo un mismo ideal-

-¿Pero en que te estás metiendo esta vez Valerian?-

-Se que eres una maga con talento Erylem, y se que te has unido a los magistri, aunque algunos dementes crean que estamos en contra de nuestros líderes y las desiciones que ellos han tomado por nosotros y nuestro pueblo, nosotros servimos a Quel’talas, y hacerlo implica enderezar varias cosas, incluso, tenemos a uno de los altos consejeros del Señor Regente dándonos su apoyo-

-¿y que es lo que quieres de mi?-

-Actualmente no tenemos ningún mago capacitado entre nuestras filas, se que eres joven, pero tu talento, además de tu posición y tu herencia, se que serás una Elfa destacable para la magia-
-¿No crees que estas exagerando?- preguntó Erylem con cierta altivez -Se que las desiciones de nuestros líderes no han sido las mas correctas, pero todo eso me tiene sin cuidado, a mi lo que me importa son mis estudios y mis….-

-Tus padres- dijo Valerian serenamente

Erylem guardó silencio

-Solo espero que nada de lo que ocurra con ellos te haga venir a mi niña- dijo el desviando su mirada hacia el pasillo por donde había entrado -lastimosamente, el impulso que necesitamos para entrar en acción no llega de forma positiva-

Sus pasos se alejaron por el pasillo justo hasta que Erylem dejó de escucharlos.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:06 pm

Capítulo 4:

Un nuevo atardecer caía sobre el bosque mientras él aguardaba a la puerta, en sus manos sostenía su preciada espada magna Asil’dereth, la hoja que había pasado por varias generaciones de su familia, incluso los mitos remontaban su origen a la llegada de los primeros Altonatos al continente; allí aguardaba el mirando la puesta de sol que sin duda alguna dejaría tan solo unas cuantas horas mas de luz sobre el bosque, un paisaje impresionante, sin embargo su atención no se centraba en los destellos dorados que emitía el astro sobre el cielo, solo eran una distracción mas para las desiciones que aguardaban.

Tras el enclave al norte, dos sombras aparecieron, la resplandeciente luz del atardecer no permitía apreciar bien sus figuras hasta que estuvieron al frente de la edificación, dos elfos, cada uno destacable por su marcialidad y porte se situaron frente a Valerian.

-¿Es este el lugar?- preguntó uno de ellos -Esperaba algo, un tanto mas discreto-

-El lugar es mas seguro que cualquier escondrijo de Lunargenta donde hubieses deseado reunirte Valdren-

-Sin embargo, este es un enclave errante, no puedo creer que nos hayas traído aquí sabiendo que hay tantos forestales que pueden escuchar lo que vamos a discutir-

Valerian ignoró el comentario e hizo una seña para dar la entrada a los dos visitantes, uno de ellos vestido con la misma marcialidad que caracterizaba a Valerian, el otro, sin embargo, portaba una elegante túnica no característica de ningún rango militar Sin’dorei.

-Aclárame algo Valerian- dijo uno de los invitados -No nos has llamado para discutir trivialidades sin sentido ¿verdad?-

Valerian negó con un gestó con su cabeza a la pregunta que le había hecho el Elfo

-Lo que tengo que decirles es el accionar de nuestra orden ahora que nuestra influencia ha crecido, sin embargo, nuestro actuar debe mantenerse en la mayor reserva posible, para esto debo hablarles de visitas indeseadas que he recibido recientemente-

-¿Enviados del Magister?- dijo una de las voces de los invitados

-No podrías haberlo dicho mejor- respondió Valerian -Sin embargo, antes de comenzar a discutir, debo presentarles a alguien-

Los dos elfos guardaron silencio y observaron expectantes

-Sirenia- dijo Valerian alzando la voz -puedes pasar-

Al momento, unos pasos suaves comenzaron a resonar en la habitación adyacente a la gran sala donde los tres elfos discutían, de repente, la figura de una elfa joven, de apariencia elegante entró en el lugar.

-¿Una errante?- preguntó Valdren

-Caballeros- dijo Valerian sin desviar la mirada de la Elfa -ella es Sirenia Plumadorada, una destacada forestal entre los errantes, y además, una maestra de caza- dijo sonriente -su posición y jerarquía dentro de los errantes es todo un prestigio para nosotros, debido a que nuestra influencia se expande con ella-

-Valerian- pronunció la elfa con una suave, pero tajante voz -¿quienes son los invitados que has traído aquí?-

De inmediato Valerian asintió con un gesto parecido a una reverencia ante la Elfa

-Valdren Hojaplata, antiguo comandante de las fuerzas Sin’dorei, compañero de la Guardia durante años, combatimos juntos contra muchos enemigos, actualmente retirado, y por último, Feran Brillo Celeste, antiguo consejero del Rey Anasterian y miembro importante de la nobleza, sin embargo, aún con su privilegiada posición, el consejo fue disuelto hasta que se nombre a un nuevo monarca-

-Es decir- respondió Sirenia -cuando el príncipe regrese a reclamar el trono-

-¿todavía crees que eso ocurrirá?- preguntó Valdren con una sonrisa.

Sirenia devolvió una sonrisa aún mas evidente -Haría todo lo posible para evitarlo-

-Esta muy claro que eso es algo que se escapa a nuestras manos actualmente- afirmó Valerian -Sin embargo, sería todo un privilegio contar con la suerte de que el príncipe muera por causas ajenas en su estadía en el extranjero, aún así, ese no es el tema que nos compete el día de hoy-

Los cuatro Elfos procedieron a pasar a un lugar más privado que la gran sala del enclave donde habían tenido su discusión hasta el momento, Sirenia guió a los tres elfos a pasar a una habitación interna a su vez que ofreció distintos tipos de comida y bebida para sus invitados.

-Dinos por que estamos aqui Valerian- pronunció Feran

-A pesar de mi retiro de la orden militar, aún tengo informantes dentro de las fuerzas que me han anunciado el regreso de Kael’thas, dicha información no ha podido verificarse hasta ahora, pero los mensajeros que han estado llegando constantemente desde Terrallende podrían ser la clave para conocer una aproximación al momento preciso en que Kael’thas piensa volver-

Valdren y Feran observaban a Valerian mientras cada uno de ellos sostenía una fina copado vino entre sus manos, Sirenia en cambio parecía mas interesada en revisar el estado de su arco como si se preparara para dar caza a una de sus presas.

-¿Para que te serviría esa información Valerian?- pregunto Valdren luego de tomar discretamente un sorbo de vino de su copa -No creo que seas tan ingenuo como para creer que podrías cazar al príncipe frente a todos sus guardias-

-Una flecha envenenada bien apuntada bastaría- mencionó Sirenia mientras tensaba su arco apuntando a una de las dianas colgadas en la pared de la habitación-

-No creo que sea nes…-

Sirenia realizó su disparo que increíblemente acertó en el centro de su objetivo, una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro de la elfa mientras los tres elfos acomodados en su silla observaban la flecha impactada y guardaron silencio durante unos escasos segundos.

-No será necesario correr tal riesgo- respondió Valerian -Incluso es posible que ni siquiera debamos mover un dedo para hacer algo al respecto-

-¿a que te refieres con eso?- Preguntó Feran

-La campaña del principe en Terrallende lo ha hecho ganar muchos enemigos, y al semielfo demonio al que sirve al parecer un gran número de razas desean darle caza-

-¿Y tu como sabes eso?- preguntó Sirenia desviando su mirada a Valerian, a lo que el elfo sonrió levemente.

-Acompañé a nuestro queridísimo príncipe durante su alianza loca con los humanos, solo para ver como traicionaban su confianza encarcelandolo junto a sus fuerzas en Dalaran, luego de eso, esa bruja Naga ofreció un escape al príncipe, el cual tuvo la osadía de aceptar- Valerian dirigió su mirada al suelo y dijo en un tono mas bajo -tan pronto vi su reacción entendí que sus desiciones nos llevarían por un mal camino, no dudé en renunciar a mi cargo y volver a Lunargenta, no sería parte de las malas acciones que habían guiado al príncipe hasta ese momento-

-¿Eso explica las visitas indeseables que has recibido?- preguntó Valdren

-El príncipe está convencido que le sigo siendo leal- dijo Valerian alzando su rostro para observar al techo -el motivo de mi renuncia es un misterio para él, solo se que es el Gran Magister quien duda de mi posición, sin embargo sin prueba alguna no puede hacer nada al respecto-

-No es buena idea que uno de nosotros esté en la mira de los altos cargos- dijo Feran

-Los actos que sin duda alguna serían tomados por traición corresponden a un accionar que sin duda alguna nunca haré, ¿hablar de mi disconformidad en público? ¿incitar una rebelión?- Valerian rió bulliciosamente durante unos cortos segundos -Ese no es el actuar de nuestra orden, en cambio de eso, mi interés particular es vigilar Al Señor Regente y sus alternos, y para eso estamos hoy en este lugar-

-¿Que tienes en mente?- pregunto Valdren

-Debemos tener dentro de nuestra orden a alguien que pueda estar cerca al Señor Regente y sus consejeros personales-

-¿Que acaso ese no eres tú?- pregunto Sirenia mirando fijamente al rostro de Feran, a lo que Feran se mostró sorprendido.

-En absoluto no- respondió Valerian, -Feran es un antiguo consejero del Rey, pero tal y como dije antes, el consejo fue disuelto cuando el Rey Anasterian falleció, El Señor Regente puede ser el mayor cargo actualmente en Quel’talas, pero no tiene la autoridad para llamar al antiguo consejo, ese atributo le corresponde únicamente al monarca y su heredero-

-Además de eso- respondió Feran -El Señor Regente y sus consejeros personales me conocen, para tal caso considero más apropiado alguien que pase más… desapercibido-

-En eso estamos muy de acuerdo Feran- respondió Valerian -sin embargo ¿Quien pasaría desapercibido en un lugar tan importante como el palacio de Lunargenta?-

Los cuatro Elfos guardaron silencio luego de escuchar la pregunta, pasaron, segundos, quizá minutos donde el sonido de la quietud llenó el lugar interrumpido brevemente por el sonido de las copas de vino, ahora vacías que los elfos apoyaban sobre la mesa en el centro de la habitación. Luego de unos cortos pero incómodos segundos de silencio Sirenia alzó su voz.

-Tengo a la persona indicada- exclamó, a lo que los tres elfos giraron su vista al unísono para mirar a la elfa que sonreía pícaramente.

-¿Quien?- preguntó Valdren, mientras Sirenia dejaba su arco apoyado contra la pared de donde lo había tomado ya hacía casi media hora, se aproximó a los elfos y sirvió finalmente un poco de vino de Lunargenta sobre su copa.

-Hace ya un tiempo escuché la historia de un elfo, un Guardia de la corte del Rey que luego de un desfortunio con su familia abandonó su cargo y huyo a las tierras fantasma, su padre era un rompedor de hechizos y formaba parte de la guardia real-

-Dentro de los Rompehechizos hace falta ser de una casta muy especial para estar tan cerca de la familia real- afirmó Feran

-Al parecer este elfo lo era, pero tras la muerte de sus padres decidió dejar su puesto, se ha rumorado mucho sobre su caso, algunos dicen que decidió dar caza a los muertos de la cicatriz que atraviesa nuestros bosques para vengar la muerte de su familia-

-Sin embargo- afirmó Valdren -De nada importan sus proezas si no va a apoyar nuestra causa ¿que te hace pensar que un Guardia Real serviría de espía para nosotros?-

-Eso es muy cierto- dijo Feran -La lealtad de los Rompehechizos debe estar con la familia real, contarle acerca de nuestros planes es un riesgo enorme-

-Un riesgo que quizá valga la pena comprobar- contestó Valerian -Nosotros acostumbramos a elegir detenidamente a quienes pretendemos reclutar en la orden, debido a que no podemos dejar escapar a aquellos que saben mucho sobre nosotros. De igual manera, lo haremos en este caso, vigilaremos a ese guardia, comprobaremos que se unirá a nosotros antes siquiera de que hablemos con él por primera vez, así sabremos que no responderá con una negativa ante nosotros-

-Eres audaz Valerian- afirmó Sirenia -Sin embargo¿Quien tendrá a cargo esa tarea que estas diciendo?-

-Eres una errante- contestó Valerian -Conoces estos bosques mejor que nadie, y creo que eso incluye el lugar donde se supone está dicho Guardia-

-¿Eso contestó tu pregunta?- dijo Valdren con una sonrisa disimulada.

-Si, quizá- respondió ella tomando su arco ágilmente y apuntando una flecha con una velocidad increíble a una diana justo a la izquierda de Valdren. El impacto de la flecha acalló la risa del Elfo que miro directo al rostro de la Errante, ella dibujó una sonrisa sumamente atractiva en su rostro.

-Ya ha sido suficiente- dijo Valerian levantándose de su asiento, les enviaré mensajes para anunciar nuestra próxima reunión de ser necesario, por ahora, estaré atento.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:07 pm

Capítulo 5:

Un amanecer o un anochecer mas, no importo lo que fuera el día en que murieron ellos, y ahora tampoco importa.

Ahi estaba él, un elfo más adentrándose en territorio desconocido, en las sombrías tierras fantasma que lindaban con Zul'aman, allí, el día era tan oscuro que la sensación de claridad que brillaba cada amanecer al norte, cerca a Lunargenta parecía no existir, él se aventuraba mas allá de lo que cualquier errante lo haría solo, incluso más allá de las patrullas que regularmente recorrían el bosque vigilando los límites entre los bosques elfos y troll, allá donde iniciaban las tierras Amani; sin embargo, hoy no daría caza a un Troll.

Sus pasos eran seguros, firmes, como si intentara llamar la atención en aquella cueva donde lo más seguro era que recibiera una emboscada por parte de la criatura, sin embargo, la cobardía no era lo suyo, no estaría en ese lugar si lo fuera, no sería como aquellos elfos que habían traicionado a Quel’talas al huir durante el ataque de la plaga.

Él alzó su voz, dando un feroz grito que sin duda podría ser escuchado por cualquiera que se encontrara en los alrededores, tras el grito un silencio absoluto, luego de quizá medio minuto de silencio, él levantó su voz otra vez; solo cinco segundos pasaron hasta que escuchó un crujido provenir del interior de la cueva, solo entonces él se abalanzó.

De la cueva emergió una criatura putrefacta, similar a una abominación quien a toda su marcha embistió al Elfo que apenas alcanzó a cubrirse con su escudo arrojándolo varios metros hacia atrás, sin importar eso el Elfo se levantó tan apresuradamente como cayó cargando una embestida contra la criatura, levantó su arma, tradicionalmente similar a la usada por los Guardias Rompedores de Hechizos y asestó un golpe en el torso de la criatura, sin embargo, no parecía suficiente para la criatura no-muerta que con un tremendo garrote lo hizo volar por los aires dejando su arma fuera de su alcance.

-No importa- dijo él entre susurros -No necesito de ella para derrotarte, ¡Ven!- pronunció mientras se disponía en posición de batalla, la criatura muerta parecía ser la unión de varios cadáveres retorcidos, su olor nauseabundo y su torpeza de movimiento no parecían indicar inteligencia, de hecho se podría dudar si tal criatura disponía de un cerebro.

-Ahhh, ven aquí- dijo el Elfo -Te despedazaré-

La criatura cargó nuevamente, esta vez balanceando su garrote peligrosamente por el aire, el Elfo se deslizó ágilmente bajo ella, desenvainando una espada corta rápidamente con la que hirió a la criatura, la bestia emitió un sonido que el elfo interpreto como un grito, justo antes de girar para observar que un tremendo golpe lo aturdió dejándolo por el suelo.

El Elfo se levantó como pudo, se sentía mareado, y un poco de sangre salía de heridas superficiales en su rostro, frente a él, la bestia se aproximaba, el Elfo solo tomó su escudo y se levantó lentamente a lo que la criatura aumentó la velocidad de su carga. el Elfo se inclinó a buscar su espada corta, sin embargo, desvió su atención cuando escuchó que los pasos de la bestia se frenaban… repentinamente la criatura cayó al suelo derribada de forma inexplicable, tanto que el Elfo había quedado sorprendido por lo que había ocurrido.

-¡Debo admitir que fue divertido observar eso!- pronunció una voz femenina en las cercanías aunque el Elfo no pudo observar a nadie -No todos los días ves maniáticos enfrentándose a abominaciones de la plaga en lugares como este-

-¿Quien es?- exclamó el elfo con una severa voz -¡Descúbrete!-

De entre los exuberantes bosques emergió una figura femenina que el Elfo pudo distinguir entre la oscuridad, tras observarla el Elfo no pareció mantener demasiado interés.

-¿Que haces aqui Errante?- preguntó él -si estas patrullando mejor vete a otro lugar, no hay nada que ver aquí-

-¿patrullando?- preguntó irónicamente ella mientras tomaba una flecha de su carcaj y la tensaba en su arco -yo diría que estoy cazando- afirmó mientras disparaba su flecha justo en el espacio que separaba al elfo de su escudo arrojado en el suelo, el impacto de la flecha sorprendió ligeramente al elfo que retrocedió instintivamente al ver la flecha clavarse en el suelo.

El Elfo dirigió una mirada feroz a la Errante que reposaba sobre una roca cercana con un gesto sonriente en su rostro.

-Si quieres luchar conmigo toma un arma cuerpo a cuerpo y enfréntame- afirmó el Elfo mientras recogía sus armamentos del suelo -No soy como los tuyos que asesinan a distancia-

-No todas las presas que busco son para cazarlas- dijo ella mientras se levantaba de la roca con un salto acercándose al lugar donde estaba el Elfo -Algunas simplemente las domestico- dijo serenamente, tras unos segundos emitió un silbido que fue respondido por el rugido de un Garragil en las cercanías.

-¿Las domesticas?- preguntó el elfo dibujando una sonrisa en su rostro -espero que eso no signifique lo que estoy imaginando-

La Elfa solo contestó su pregunta por medio de una sonrisa, antes de desviar su atención hacia la criatura derribada.

-Cazar no-muertos no es como matar a cualquier otra criatura, la mayoría de los golpes que utilizas contra un ser vivo a veces no funcionan en criaturas de su clase- dijo la Elfa mientras retiraba una flecha del cadáver de la criatura caída -sin embargo, un disparo bien dirigido a un punto débil es suficiente para acabarles-

El Elfo observaba cada acción de la Errante con su desconfiada mirada sin inmutar

-Dime algo que no sepa Forestal- reclamó el Elfo -He asesinado mas no-muertos de los que tu has enfrentado en tu vida-

-¿Así que es cierto?- dijo ella inmediatamente después -¿Tu eres el famoso cazador de no muertos?-

-¿Quien quiere saberlo?- alego el Elfo.

-Ah disculpa mi falta de modales- dijo la elfa realizando un agraciado ademán -Mi nombre es Sirenia Plumadorada, capitana errante del bosque canción eterna- La Elfa sostuvo su formal ademán durante unos segundos antes de levantarse -¿Tu eres Alordel Brillocaso no?-

El Elfo se mostró impresionado, aunque mantuvo su compostura inmutable ante la Elfa.

-No me sorprende que me conozcas, ya muchos rumores sobre mi se han esparcido entre los habitantes de Tranquillien-

-Los rumores sobre ti son algo sencillo de oír- afirmo ella -sin embargo, saber tu nombre es algo completamente diferente ¿no crees?-

El Elfo comenzó a sentirse en una situación incómoda, nunca antes se había acercado a él alguien con tanta información con respecto a su identidad, no paraba de mirar al rostro de la Elfa, intentando recordar su rostro por si lo hubiese visto remotamente en el pasado, sin embargo, sabía que ese no era el caso, era la primera vez que veía a esa Elfa en su vida ¿como podía saber ella su nombre si nunca antes se habían visto? era la pregunta que rondaba en la cabeza del Elfo, no importaba lo que fuera, esa elfa no lograba inspirarle confianza.

-¡Ya déjate de rodeos!- pronunció él severamente -¿Que es lo que quieres?-

-Me han enviado a buscarte- contestó ella -necesito que me acompañes a un lugar, al enclave del errante el el bosque canción eterna-

-¿Has venido desde allí a buscarme?- preguntó el Elfo atentamente, la Elfa contestó con un gesto afirmativo. Para ese momento, la intriga del elfo se había convertido en curiosidad “¿Quien podría estar tan interesado en mi como para enviar a esta elfa a buscarme desde tan lejos?”-

Ella observaba al elfo mientras este se mantenía sumamente inmóvil en una posición reflexiva, pronunció unas palabras que sacaron al Elfo de sus pensamientos.

-Creo que eres el indicado para la tarea- afirmó -Se ve que lo estás pensando-

Él desvió su mirada hacia ella, tan desconfiada como de costumbre

-Te acompañaré Elfa- afirmó -Quiero ver que es lo que tienen que decirme tu y los que te han enviado por mi-

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:08 pm

Capítulo 6:

El viaje había sido mas largo de lo que él había esperado, atravesando el bosque durante horas antes de dejar siquiera la oscuridad de las tierras fantasma atrás.

-¿Hasta donde piensas llevarme?- preguntó con un tono de impaciencia el Elfo

-Ya estamos cerca- respondió la Errante -El enclave se encuentra unas hectáreas más allá cruzando el río.

Alordel levantó su mirada, frente a él aquel bosque resplandeciente que había dejado hace mucho, donde el verdor de la vegetación dejaba entrever que la amenaza de la plaga había sido erradicada de estas tierras. Sus sensación de impaciencia era cada vez más desbordante, había crecido desde el momento en que se había cruzado con aquella elfa por primera vez hacía un par de horas, “¿tres?, o ¿cuatro quizá?” pensó, luego giró su cabeza, observaba su cuerpo, sus manos y sus pies habían andado durante varias horas por terrenos difíciles sin parar siquiera a tomar un descanso, todo esto después de haber luchado contra una criatura no-muerta que se mostró difícil de derrotar… el cansancio estaba comenzando a manifestarse en su cuerpo.

-Espero que digas la verdad- dijo él mientras se inclinó ligeramente entre la verde hierba a la orilla del río, ella giró para observar.

-¿Quieres parar?- preguntó ella directamente, Alordel guardó silencio.

-Bien supongo que eso significa un sí- dijo la Errante apoyando su arco en el suelo y sentándose dejadamente entre la espesa hierba que sirvió como un cómodo jergón, Alordel hizo lo propio y se recostó en la gruesa hierba verde bajo sus pies, ambos elfos se mantuvieron en silencio durante unos segundos, solo hasta el momento en que la errante decidió quebrar el silencio.

-Debo admitir que no hay nada como estar de regreso en mis bosques- musitó ella, Alordel solo la miró de reojo para ver que ella tenía la mirada fija en él, su mirada !@#$trante parecía observar más que su superficialidad, parecía observar su reacción, estudiar sus movimientos, ver sus impulsos, quizá no lo era, quizá se había acostumbrado a no ser observado por nadie y ese era el motivo de su disconformidad, o quizá aquella Elfa si estaba observándolo demasiado. Trato de decir algo sabiendo que entablar una conversación con un desconocido no era una de sus mayores habilidades.

-¿Por que debo venir hasta aquí para saber lo que tu y los que te enviaron quieren decirme?-

Luego de hacer la pregunta giró para mantener su mirada sobre la Elfa, viendo que ella había cerrado sus ojos recostada sobre la hierba, su rostro plácido parecía sumergido en un profundo sueño, sin embargo no lo estaba, mantenía su mano derecha fija sobre su arco y su izquierda dispuesta en su carcaj, esperando cualquier mínimo ruido sospechoso entre la suave brisa que sacudía las hojas de los árboles de otoño.

-Ya te dije- respondió ella repentinamente manteniendo sus ojos cerrados -Me enviaron a buscarte, no soy solo yo la que va a hablar contigo-

-Sin embargo podrías adelantarme algo de lo que van a decirme- contestó él, Sirenia abrió uno de sus ojos para mirar al Elfo con mirada dubitativa.

-Sabemos quien eres, y también lo que fuiste, sabemos que hace mucho fuiste un Guardia Real de la alta corte- dijo Sirenia, a lo que Alordel abrió sus ojos con expectación -Debido a todo lo que sabemos de ti, es que entendemos que eres la persona indicada para esta tarea-

-¿Cual tarea?- preguntó él de forma imponente.

-Veo que eres un poco impaciente- afirmó ella.

-Estoy aqui… siguiendo a alguien que no conozco llevándome a un lugar que nunca he ido a hablar con individuos que nunca he visto, sin embargo parece que ustedes saben todo sobre mi- dijo Alordel -¿Como no creer que me están llevando a una trampa?-

La Elfa sonrió gustosa, de nuevo con sus ojos cerrados mientras la suave brisa soplaba su dorada cabellera sobre su rostro.

-Serian demasiadas molestias si fuera una trampa- afirmó ella -además uno de los que me pidió que te buscara no le gusta correr riesgos, si él te quisiera muerto… la flecha que derribo a esa criatura con la que luchabas habría sido para ti-

-No es la única flecha que disparaste en ese lugar- respondió el Elfo

-Mi puntería no es tan mala como para dispararte y que mi flecha le de al piso- reclamó la Elfa sarcásticamente.

-¡Creo que no has entendido lo que quiero decir!- dijo Alordel levantando bruscamente la voz… tanto que la Elfa se levantó repentinamente de la hierba sosteniendo su arco y su carcaj con fuerza.

-¡No te seguire más si no me dices a donde voy!- afirmó severamente el Elfo, para este momento Sirenia le había clavado una mirada feroz en el rostro.

-Si no quieres seguirme no importa, de igual manera te llevaré a rastras hasta el enclave si es necesario-

-La palabrería no es algo que le luzca a una Elfa como tú- dijo Drathir tomando su espada y su escudo.

La Elfa se levantó de la hierba lentamente, tomando su arco y su carcaj y colgándolos a su espalda, una sonrisa se dibujó en el rostro de ambos elfos mientras el viento soplaba en sus cabelleras.

Alordel inició el ataque cargando contra la elfa a toda marcha.

-¡No me subestimes!- dijo ella mientras tomaba una daga escondida entre sus prendas y la arrojó ágilmente hacia el rostro del Elfo. Alordel reaccionó rápidamente bloqueando el golpe de la daga ubicando su escudo al frente, el cuchillo impactó en el escudo cayendo al suelo justo para cuando la Elfa se dirigió contra él dando un fuerte golpe con su cuerpo haciendo retroceder al corpulento Elfo.

-¿Vas a luchar cuerpo a cuerpo conmigo?- dijo él sonriente

-No precisamente- respondió ella tensando una flecha en su arco apuntado al elfo.

Alordel vió el arco apuntando hacia él por lo que decidió cargar a ciegas con su escudo al frente para evitar el disparo de la Elfa

-Tus flechas no atravesarán mi escudo-

-No lo harán pero si hacen que luches a ciegas-

La Elfa se movió ágilmente al lado izquierdo de Alordel, quien sorprendido por la agilidad de la Errante lanzo un golpe con su espada que ligeramente causó un corte en el brazo de ella, a su vez, la errante clavo su daga corta en la armadura del Elfo con tal fuerza que alcanzó a atravesarla y causar un ligero daño bajo ella. Ambos elfos se apartaron rápidamente.

Sus respiraciones eran tensas, sus miradas fijas y sus posiciones firmes, cada uno de ellos observaba al otro con suma atención, tratando de prever cualquier movimiento, Alordel sostenía su espada y su escudo, Sirenia mantenía una mano con su arco y otra con una de sus numerosas dagas.

-Eres ágil- dijo el Elfo -he de reconocerlo-

-Tu resistente- dijo ella -Sin embargo, esa cualidad no te ayuda contra un ataque certero de mi parte-

-Solo basta un descuido y estarás perdida, he luchado contra criaturas mucho mas grandes que tu-

-Es una lástima que dichas criaturas no tengan cerebro-

El elfo emitió un gran grito y cargó nuevamente contra la errante, quien eludió su golpe inclinándose en el suelo.

-¡Mi única arma no es mi arco!- exclamó ella con fuerza lanzando una tremenda patada al cuerpo de Alordel que lo hizo tambalearse levemente. Rápidamente, el elfo recobró la compostura y alzó su vista a su alrededor para darse cuenta que la elfa se había escondido de su vista.

-¿Quieres matarme a distancia como lo haces siempre?- preguntó el Elfo al aire, a lo que no escuchó ningún sonido reconocible “esta elfa si es buena para esconderse” pensó él “tiene la ventaja del terreno, no por nada es una forestal”.

Alordel escuchó un leve sonido de pisadas sobre la hierba para lo cual giró rápidamente a observar, ahí... hacia él, una flecha veloz cruzó el aire pasando a centímetros de su cara, tal acción enfureció al elfo que cargó violentamente hacia la Errante que se había escondido justo detrás de un árbol.

-¡Te tengo!- gritó él embistiendo a la Elfa con fuerza -¡Ahora no escaparás!-

La Elfa cayo varios metros atrás por la embestida de Alordel, este… fatigado, miró a la elfa derribada en el suelo. “Te he ganado” pensó. justo para cuando se acercó a ella escuchó pisadas en la hierba justo detrás de él. Alordel alcanzó a girar medianamente para observar que un Garragil se abalanzó encima de él derribándolo con su peso, la errante se levantó de la hierba rápidamente y en un instante ya estaba sobre el Elfo.

-¡Maldita!- exclamó él -esto es una pelea entre tu y yo-

-Sarilan es mi mas leal mascota- afirmó ella -Ella y yo somos una, eso te pasa por confiarte-

-¡BASTA!- gritó una voz desde el bosque -¡dejen sus armas!-

Sirenia se levantó del suelo soltando a Alordel, haciendo un gesto para que su felina hiciera lo mismo.

-Tranquilizate Valerian- dijo Sirenia -solo estábamos jugando un poco- Luego de eso alzó su voz.

-¡Forestales, bajen sus arcos!-

Solo entonces Alordel miró a su alrededor para observar entre los arboles a decenas de forestales apuntando sus flechas contra él.

-¿Te pusiste a jugar con nuestro invitado en lugar de llevarlo al enclave?- preguntó un elfo de porte militar que Alordel vio acercarse directamente hacia donde estaban la Errante y él.

-No fue mi intención- respondió ella -iba a dormirlo para llevarlo hasta el enclave-

-Si… tu y tus métodos- susurró Valerian antes de dirigir su mirada a Alordel

-Tu.. ¿Quieres venir con nosotros? ¿o todavía quieres pelear un poco?-

Alordel se levantó del suelo lentamente a la vista de las decenas de errantes que observaban sus movimientos detenidamente.

-No creo poder resistirme- afirmó él, justo antes de ponerse en marcha, de inmediato todos ellos continuaron su marcha al norte.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:09 pm

Capítulo 7:

Solo minutos habrían pasado hasta que llegaron a aquel lugar, justo ahí, la edificación que él suponía era su objetivo final, junto a él, Valerian y aquel Elfo desconocido caminaban al frente mientras errantes los rodeaban, “una ligera suposición de inseguridad” pensó… después de todo la situación en la que aquellos Elfos lo habían abordado era en una lucha contra la Errante.

Los Elfos ingresaron junto con él a la edificación sin mediar palabra, el día era claro y el sol se hallaba en lo más alto del paisaje celeste, sin embargo, Alordel no dejaba de sentirse incómodo en un espacio donde la mayoría de los elfos se sentirían reconfortados. Aquel lugar era tan extravagante por dentro como lo era por fuera, justo al interior, una imponente y extensa sala con enormes ventanales por los cuales la vista del bosque canción eterna se podía apreciar en todas las direcciones, aquella sala circular de dos niveles de altura contaba en su parte superior con un anillo de vigilancia donde forestales hacia guardia durante el día y la noche, una típica avanzada militar errante. Alordel, a pesar de su corta estadía en servicio del Linaje comprendía que instalaciones de avanzada como en la que se encontraba se hallaban estratégicamente ubicadas a lo largo del bosque de Quel’talas hasta la frontera con los antiguos reinos humanos.

-Trae a nuestro invitado con nosotros- dijo el Elfo desconocido a uno de los errantes que caminaba a las espaldas de Alordel, de inmediato, ambos ascendieron por una elegante rampa a los niveles superiores de la edificación, seguidos de Alordel y su nuevo escolta, tras unos minutos, se encontraron en los aposentos más altos del Enclave.

-¿Es él?- pronunció una voz que retumbó entre las paredes del, esta vez, restringido lugar.

-Ven aquí- respondió Valerian, tan pronto como una figura de un Elfo aristócrata atravesó las cortinas carmesí en la cerrada habitación, Alordel observó su apariencia, tal como la apariencia que había visto durante años en el palacio de Lunargenta.

-Así que los consejeros han venido por mi- susurró Alordel entre risas -¿Que van a hacer? ¿matarme?-

Los tres elfos hicieron una pausa mirándole fijamente con un tono de sorpresa en sus rostros.

-Creo que nuestro invitado no confía en nosotros- afirmó Valerian

-No te preocupes- respondió la errante -ya me tomé la molestia de explicarle que no eres de aquellos que les guste tomar riesgos para deshacerte de alguien-

-Sin embargo, es necesario explicarle nuestro objetivo, no confiará en nosotros hasta saber el motivo por el cual está aquí- Afirmó el elfo con apariencia elegante.

Alordel no se inmutó, su presencia en aquel lugar estaba delimitada a escuchar aquello que esos Elfos querían decirle, su mirada permanecía gacha y sus oídos atentos, El Elfo se aproximó a él hasta el punto de ubicarse al frente, sosteniendo su mirada en el rostro inexpresivo del rompehechizos, tras unos segundos de una mirada profunda y analítica Valerian dio un suspiro.

-Así que tu eres el famoso elfo que caza no-muertos de su propia mano- dijo severamente el Elfo mayor, Alordel levantó su mirada para enfrentar su vista a la del Elfo que lo observaba, vio su rostro por primera vez con atención, era un Elfo mayor, de edad avanzada y cabellera blanca, sin embargo su cabellera no era del color blanco amarillezco natural de algunos elfos, aquellos eran cabellos de muestra de una larga vida, allí también pudo observar otras características del elfo, un mentón prominente, rostro severo y mirada inexpresiva, ademas de una cicatriz en su mejilla izquierda causada por algún objeto filoso, Alordel pudo notar inmediatamente que aquel era un elfo curtido por años de guerra.

Tras unos cortos segundos que el aquel silencio sepulcral parecieron eternos Alordel contestó.

-Eso creí decirle a la Elfa que envió a buscarme- dijo él

Valerian inmediatamente asomó un atisbo de conformidad de su rostro antes de girar para sentarse en uno de los sillones situados alrededor de aquella habitación.

-Soy Valerian Filoalba, antiguo comandante de las fuerzas terrestres de Quel’talas-

Inmediatamente después el Elfo de apariencia refinada alzó su voz

-Yo soy Feran Brillo Celeste, antiguo consejero de la corte del Rey Anasterian-

-Y yo- dijo entre un susurro la Elfa -Soy Sirenia Plumadorada, Capitana forestal errante del bosque canción eterna y guardiana del Enclave del este-

Alordel guardó silencio, pensando si era necesario presentarse ante aquellos Elfos, sin embargo, sus impulsos le hicieron guardar silencio.

-Sabemos sobre ti, Alordel Brillocaso, sabemos sobre tus proezas, tus logros, y también tus tragedias…- replicó Valerian

-Sin embargo, mas que tus logros, es tu historia lo que nos llama la atención- dijo Feran

-¿A que se refieren?-

-Sabemos que fuiste parte de la guardia real del Rey hasta el día en que la plaga descendió sobre el reino, desde entonces has dejado tu puesto y te has decidido a cazar a aquellas criaturas que trajeron la desgracia a nuestra gente, sin embargo, ¿por que?-

-¿Acaso no es lo suficientemente evidente?- replicó Alordel -Mi venganza debía ser consumada y eso era algo que no podía hacer formando parte de la guardia de un Rey fallecido-

-La linea de sucesión no acabó con la muerte del Rey Anasterian- dijo Feran -Aún está el príncipe-

Alordel agachó su cabeza por un momento.

-No quise formar parte de la guardia de un traidor- replicó el Rompehechizos, instantaneamente los Elfos sonrieron al unísono.

-Ellos… murieron ese día- susurró entre voces Alordel -ellos murieron y yo debí estar allí con ellos, debí... debí morir a su lado-

-Así que tu también perdiste algo ese día- exclamó Valerian.

Alordel alzó su cabeza repentinamente

-Todos perdimos algo. exclamó.

“Sombras de muerte y destrucción, océanos de llamas y ceniza, ríos de cadáveres en las calles de Lunargenta, al frente, el sangriento camino de honor para el Asesino de un Reino”

-Ese día cambiaron muchas cosas…- dijo Valerian -sin embargo… de las cenizas de nuestro antiguo reino resurgió algo... algo que no puedo llamar mi hogar-

Alordel agudizó su sentido del oído… mas de lo que solía hacerlo para escuchar las palabras de cualquier Elfo.

-Observar de primera mano levantarse un príncipe cuyas desiciones condenarían a nuestro pueblo tarde o temprano, convirtiendo nuestra sociedad en una sombra, corrompiendola por medio de su magia vil, mancillando nuestro legado, aliándose con fanáticos y traidores- llegó el tiempo de un cambio, un cambio que debe venir de nuestras manos-

Lo que había escuchado le había causado un gran impacto, ahora mas que nunca Alordel se preguntaba por la identidad de estos sujetos ¿Quienes eran ellos?, su ansiedad superó a su forma de ser reservada.

-¿Quienes son ustedes?- preguntó

-Somos la punta de lanza contra los traidores de Lunargenta, somos la restitución de la gloria de los Sin’dorei, somos el Ala Dorada-

-¿Ala Dorada?- preguntó Alordel desconcertado.

-Todos los traidores de Quel’talas están en nuestra mira, todos aquellos que, en su avaricia, vanidad o debilidad han puesto en peligro la supervivencia de nuestro Reino y nuestra gente, todos esos enemigos, internos o externos, son nuestros objetivos-

“Traidores, traidores… aquellos que se niegan en proteger su patria, defender a Quel’talas en su hora de mayor oscuridad… traidores… aquellos que abandonan a los suyos a su suerte, traidores… como yo…”

-Kael’thas y su ejército, marchando lejos en apoyo de traidores, aliándose con criaturas viles, y ofreciendo a su pueblo promesas falsas de salvación mientras los corrompe con magia demoniaca… el príncipe se ha convertido en uno de los mayores traidores a Quel’talas, es por esta razón que el Ala Dorada le dará caza.

-Y por eso es que tú estás aquí- afirmó Sirenia -Sabemos que fuiste un guardia real, sabemos que durante años tu padre fue parte de la guardia real del Rey Anasterian y tu heredaste sus enseñanzas-

Alordel alzó su cabeza, esta vez no podía ocultar la sorpresa de su rostro.

-Necesitamos que te infiltres en la guardia del Señor Regente, necesitamos un informador en los aposentos del palacio-

-¿Quieren que me infiltre entre la guardia real del palacio de Lunargenta? preguntó Alordel, los tres elfos presentes además de él asintieron si emitir sonido alguno.

Inmediatamente después él realizó un ademán militar de saludo, inclinándose agraciadamente ante los tres elfos frente a él, su elegante y poco usual saludo dejó entrever la respuesta del Elfo a las tres cabezas presentes de aquella orden.

-Desde hoy formas parte del Ala Dorada-

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:10 pm

Capítulo 7:

Si debiera de consumir hasta los últimos cristales de magia en aquella noche violeta lo habría hecho, por que… así, nuestro destino habría sido otro, aquella magia pura, dulce en el cielo, alimentaba a la tierra y a sus habitantes, las aguas cristalinas y los bosques encantados, tierra mágica que brilla bajo la luz de Belore…

-Siempre te gustaron este tipo de cosas ¿verdad?-

Erylem se estremeció repentinamente alzando su vista hacia el Elfo que la miraba con aquella mirada enternecedora.

-¿Te gusta hacer de mi un motivo de burla?- dijo con un tono serio la joven Elfa, Valerian soltó una risilla.

-Eres un caso especial, jamás conocí a alguien tan dedicado a la lectura de… este tipo de material- afirmó el Elfo mirando el libro que ella sostenía en sus manos.

-Solo me atrae la literatura poética arcana-

-Lo se niña, te conozco tan bien como tu padre o tu madre- Afirmó Valerian sosteniendo su mirada al rostro de la Elfa -¿Crees que olvidé aquellos años en los que visitabas el cuartel en compañía de tu padre?

Erylem desvió su atención al corpulento Elfo... sonriendo... disfrutando, teniendo aquella remota sensación que despertaba en ella cada vez que estaba acompañada de ese militar retirado, el extraño vacío que ni los cristales de magia podían saciar, la ausencia de una familia durante los últimos años.

-Claro que lo recuerdo- afirmó ella -Noches enteras pasaron juntos, aún en la mayor reserva, cuando servían juntos a la guardia de Lunargenta como una sola unidad-

-Si- declaró él -Tantas batallas, incursiones, patrullajes y misiones a tierras desconocidas que hice junto a tu padre, un magistri increíble, no por nada los Albaplateada fueron durante ese periodo una de las familias de magos más requeridas por las fuerzas de Lunargenta-

-¿Y que dices de mi madre?- preguntó ella.

-Tu madre fue un caso muy diferente- afirmó Valerian -años de largas luchas habían endurecido a tu padre y a mi, para cuando ella llegó, el tiempo se había encargado de convertirnos en unos completos imbéciles-

Erylem cubrió su rostro con sus manos soltando un pequeño ruido que el Elfo veterano interpretó como una risa.

-Ríete niña- dijo Valerian, me alegra ver que a pesar de tantas tragedias entre tu familia aún tienes la capacidad de sonreír-

Ella dejó de reír y su rostro se tranquilizó, su vista perdida miraba al suelo de aquella habitación, el día era claro y el paisaje exuberante desde la torre con vista al bazar.

-¿crees que vuelvan?- preguntó ella con la mayor seriedad del caso. Valerian opaco su risa en un gesto duro como el que su rostro expresaba con mayor frecuencia, tras esto se acercó a la Elfa apoyando su mano derecha sobre su hombro.

-Los años me han enseñado… mi niña… que la lógica suele vencer a la esperanza, y aunque en un mundo como el mío, en el cual tus días parecen languidecer con cada puesta de sol, asimismo la esperanza renace cada mañana en la que la luz dorada ilumina nuestros bosques... tu mundo es otro Erylem- afirmó Valerian tomando a la joven Elfa por una de sus mejillas -… tu padre una vez me dijo algo, que dentro de ti duerme una grandiosa fuerza, un talento que va más allá del ingenio de tu linaje, por eso el me encargó la última vez que lo vi, como en muchas otras ocasiones, que velara por ti… así se aseguraría que el legado Albaplateada perdurara-

Ambos elfos guardaron silencio momentaneamente, así, el único ruido que surcaba el aire provenía del ajetreo en la plaza.

-No interesa lo que pase o llegue a pasar, el prestigio de mi familia estará protegido, incluso ahora que… finalmente he terminado de reconstruir el desastre causado por la plaga en nuestro hogar-

-¿Significa que finalmente terminaste de ordenar todos esos libros?- preguntó Valerian

Erylem sonrió forzadamente al oír dicho comentario.

-Es mas que solo un montón de libros Valerian, no espero que lo entiendas, pero el prestigio de generaciones enteras de magos reposa en aquellos escritos-

-Creo tener el suficiente tiempo para entender- dijo Valerian con una pequeña risa

Erylem dio un pequeño suspiro, mirando a aquel Elfo que se había convertido casi en su padre adoptivo, ¿como le explicaría algo que ni las mentes arcanas más agudas comprendían con facilidad?

-La magia no es un talento que desarrolles de la noche a la mañana, incluso para los grandes prodigios el estudio de una escuela suele tomar años, para reducir esto, muchos investigadores arcanos centrados en el desarrollo de la magia documentaron durante su vida escritos y manifiestos sobre sus descubrimientos de escuelas de magia desconocidas practicadas por otras razas. Aunque la mayoría de ellos reposan secretamente en manos de bibliotecas mas grandes como la de Lunargenta o Dalaran, se dice que algunos de estos escritos reposan entre los catálogos de la biblioteca Albaplateada-

-¿Acaso no has leído dichos documentos con anterioridad?- preguntó intrigado Valerian.

-Soy muy joven para haberlo hecho- dijo sonriente Erylem -Aunque una de mis mayores expectativas es descubrir y documentar magia desconocida para los Sin’dorei-

-Cargas con un gran peso- afirmó Valerian -incluso podría llegar a ser peligroso para ti que sujetos indeseables conozcan sobre la existencia de dichos documentos-

Valerian reflexionó durante unos pocos segundos

-Deja que yo los proteja-

-¿Que?- preguntó Erylem sorprendida.

-La biblioteca albaplateada ha sido durante años un lugar de acceso público- afirmó Valerian -hasta el último guardia de la ciudad debe saber donde está-

-Pe… pero-

-Si allá se esconde conocimiento tan valioso como el que dices, dicha información puede atraerte problemas, en cambio, en mi poder, dichos documentos permanecerán ocultos allá donde nadie los encontrará jamás-

-¿Y que harás con ellos? ¿ocultar la herencia de mi familia después de todo mi esfuerzo para reordenarla?-

-El Ala Dorada la protegerá-

-De nuevo tu y tu orden extraña, ¿en que te has metido Valerian?- preguntó Erylem impaciente -¿todavía tienes esa idea loca de contrariar al príncipe?-

-Tu no lo entiendes-

-Claro que lo entiendo, entiendo que estas poniendo tu vida en riesgo sin ningún sentido-

-No, no lo entiendes-

-Si lo se Valerian-

-NO LO ENTIENDES NIÑA- dijo fuertemente Valerian con un imponente grito que silencio a la joven maga.

-Tu aún no vives la guerra, no experimentas el sufrimiento, aun a pesar de que muchos elfos vieron la masacre causada por la plaga, ignoran el hecho detrás, y la sociedad degenerada que esta trajo consigo… son como ciegos decadentes camino al abismo-

-No se a que te refieres con eso- exclamó Erylem

-Ojalá algún día lo entiendas- afirmo Valerian -a menudo escuchar algo que no quieres hace que cambie tu perspectiva del mundo que te rodea, te hace abrir los ojos, en mi caso la muerte, la muerte abrió mis ojos-

-¿La muerte?-

Valerian se levantó impaciente

-Debo atender algunos asuntos Erylem- dijo severamente antes de salir del lugar.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:11 pm

Capítulo 8:

La noche pacífica transcurría con relativa calma en la ciudad, calles vacías iluminadas con tochas y magia arcana cuyas rutas eran solamente atravesadas por guardias.

Una extraña figura apareció entre las sombras de la noche, la silueta de un Elfo masculino emergiendo de entre sombras y callejones oscuros, su andar, paso a paso retumbaba en las paredes de aquellas amplias y solitarias calles, solo sus pisadas y el crepitar de las llamas reinaba en la noche.

Hacía semanas que Alordel vigilaba los aposentos del palacio real a petición del Ala Dorada, para tal momento, el Elfo había comenzado a dudar de la utilidad de su tarea. La noche para él parecía clara, con el característico color que brilla sobre las noches usualmente despejadas de Quel’talas donde un brillo violáceo infunde el cielo con un paisaje nocturno que es imposible de apreciar desde otro lugar de Azeroth. El reloj de arena marcaba pocas horas para la llegada del amanecer, y el perímetro mágico de la ciudad parecía confiable… nada perturbaría aquella aburrida noche.

El Elfo misterioso se abría paso en la noche, confiado, seguro, como si conociera aquellas calles de memoria, sin embargo lo suficientemente precavido para no llamar la atención más de lo deseado, él revisó entre sus prendas, de un bolsillo sacó un pequeño cristal tan diminuto como extraño… tenía el tamaño de un dedo pequeño, pero un resplandor verde enfermo brotaba de su interior… El Elfo lo observó con pericia, sonrió levemente y volví a guardarlo entre el bolsillo más pequeño de su extraña toga.

Sus pasos lo guiaron durante varias calles, al borde de la plaza del intercambio real, por ellas, el encapuchado danzaba entre las sombras, evitando ser percibido por los escasos guardias que vigilaban el lugar en la noche.

El sujeto atravesó varias puertas, ignorando todas estas hasta alcanzar una que… finalmente, parecía ser su objetivo, solo entonces, él decidió estacionarse en frente y buscar en sus bolsillos algo que parecía ser importante en aquel preciso momento.

-¡Oye!- dijo fuertemente una voz a sus espaldas. El Elfo se inquietó instantáneamente asustado por la inesperada voz.

-¿Que haces aqui a esta avanzada hora de la madrugada?-

El Elfo giró su cabeza para observar justo detrás de él a un guardia rompehechizos que lo miraba fijamente. Trató de buscar las palabras precisas para responder una excusa medianamente creíble.

-Ehmm… Ehh, esta es mi casa- respondió

-¿Tu casa?- preguntó el guardia -Este no es un suburbio, es una zona comercial con bastantes establecimientos, aquí no hay ninguna casa-

El Elfo apretó sus puños con furia, su respuesta había sido mas estúpida de lo que esperaba, en vez de dar una buena excusa había llamado la atención del guardia.

-Además ¿por que esa toga extraña?- preguntó el guardia -¿de quien quiere esconder su identidad?-

-Dese vuelta y descubra su rostro- dijo el guardia con autoridad y una fuerte voz.

El Elfo pareció enfurecerse aún más, el escándalo que causaba dicho guardia podría llamar la atención más de lo que él deseaba.

-¡Dese vuelta y descubra su rostro!- reafirmó el guardia, esta vez con un tono de voz más alto.

El misterioso elfo dio media vuelta quedando esta vez de frente al guardia, separado de el por unos escasos metros, el guardia, desconfiado, tomó su arma y su escudo con fuerza y se posicionó de forma defensiva ante el elfo que mantenía una postura relajada. Solo entonces, el misterioso sujeto puso una mano sobre la caperuza de color rojo oscuro que ocultaba su cabeza y la mitad de su rostro y la descubrió, dejando ver su apariencia al guardia.

Durante aquellas semanas, era poco lo que Alordel había podido aproximarse al Señor Regente y sus consejeros personales, El General Forestal y el Gran Magister, quienes regularmente deambulaban por el palacio de Lunargenta recibiendo meras visitas y teniendo sumo cuidado de hablar de asuntos importantes en lugares poco seguros del palacio; "no había razón para temer” pensó Alordel, “infiltrar un espía en el palacio real de Lunargenta era una tarea sumamente dificultosa para cualquiera, y de esto había sido advertido por Valerian en una de sus posteriores reuniones a aquel día en que se había cruzado con él por primera vez en los bosques circundantes a aquel enclave.


-Tu tarea será de vital importancia- Afirmó Valerian

-¿Por qué?- preguntó Alordel
-Sabemos que el Príncipe se contacta frecuentemente con El Gran Magister Rommath, uno de sus más leales sirvientes en Terrallende, él es uno de aquellos a los que más debemos mantener vigilado-

-Creí que preferirías matarlo sin tomarte tantas molestias- afirmó Feran

El Caballero vio al diplomático con una mirada de evidente curiosidad

-¿Es así como planeas tus estrategias Feran?- dijo en un tono sarcástico -Como se nota que nunca fuiste militar, la estrategia no es lo tuyo-

Feran agacho su cabeza y guardó silencio, su expresión parecía avergonzada, Valerian dirigió su mirada a Alordel nuevamente

-Tengo motivos para pensar que el Gran Magister y el Príncipe siguen en contacto, es posible que si lo vigilamos nos de pistas sobre el regreso del Príncipe a Quel’talas, solo entonces, El Ala Dorada podrá planear una estrategia para dar caza a dos presas juntas-

-Espero con ansias ese momento- dijo la suave voz de Sirenia, que, curiosamente como siempre, inspeccionaba sus armas mientras acariciaba plácidamente a su felina dormida a sus pies. Alordel la observó con recelo, como la había observado desde siempre cuando la conoció, era obvio para todos los presentes que dicha pelea entre ellos dos no hizo más que comenzar desde aquel día

-¿Entiendes la importancia de tu tarea?- pregunto severamente Valerian, con el tono de voz que lo caracterizaba, Alordel afirmo con su cabeza.

-Bien, es necesario que guardemos apariencias... desde ahora, tu y yo no nos acercaremos, no nos veremos ni hablaremos a menos de que sea estrictamente necesario hacerlo, para tal caso, yo te enviaré un mensaje indicándote la fecha, hora y lugar del encuentro, tus informes serán semanales, me comentarás acerca de tu progreso o la información que descubras en el palacio. Por si acaso, nuestras reuniones serán aquí, en el enclave, jamás en Lunargenta... y si llegan a capturarte por una sospecha, El Ala Dorada, y nada de lo que esta representa existe, no hablarás nunca acerca del Ala Dorada, si llego a sospechar de que quieres hablar algo acerca de nosotros con el Magister o sus sirvientes, me encargaré personalmente de que te lleves nuestros secretos a la tumba-


El Tono de voz de Valerian había sido muy severo, por lo cual Alordel sabía que jugar con ellos no era un tema menor, él apretó sus puños, odiaba recordar dicha escena… personalmente, no aceptaría ninguna amenaza de parte de nadie, mucho menos de un Elfo que si acaso llevaba unas pocas semanas de conocer, pero un par de días junto a ellos le había bastado para conocer el potencial de dicha organización. El Ala Dorada era una orden de Elfos que acaparaba todos los niveles sociales de Lunargenta, desde el mas noble hasta el mercenario que ensuciaba sus manos por dinero, desde el Magistri en el palacio real hasta el Forestal en el lugar más recóndito de las fronteras de Quel’talas; el Ala Dorada, más que una orden era una ideología de supremacía élfica que podría despertar en los corazones de los Elfos mas orgullosos de su propia existencia.

Alordel pensaba, inmóvil en aquella ya madrugada, en aquella insignia, un fénix de tres colas, que significaban su influencia en las tres clases políticas mas influyentes del Reino, sin duda alguna, El Ala Dorada se había convertido en la organización entre las sombras más poderosa de los Sin’dorei.

Aquella noche no acabaría sin derramamiento de sangre, en aquella puerta, forzada violentamente reposaba el cuerpo del guardia asesinado, una gran mancha de sangre recorría su cuello proveniente de una profunda rajadura que… sin duda alguna había desgarrado su aorta.

La sangre salía a borbotones de su cuello, manchando su uniforme y formando un charco rojo en el suelo, que, más adelante, sobre los escalones posteriores a aquella puerta definían claramente las huellas de aquel que había vulnerado la puerta; el Encapuchado, esta vez adentro de aquel lugar, limpiaba su daga con un pañuelo blanco, que ahora sin duda no volvería a serlo nunca más. Con paciencia recorrió los pasillos de lo que parecía ser una biblioteca, buscando entre los tomos de libros uno en particular que había sido en causante de su presencia en el lugar en aquella noche que estaba por terminar, finalmente, y tras varios minutos de búsqueda, tomo un único libro de las estanterías y sonrió satisfactoriamente.

Tan misteriosamente como apareció, la sombra de aquel sujeto se esfumó en el nuevo amanecer.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:13 pm

Capítulo 9:

-¿Que ha sucedido?- preguntó él impaciente.

-Informes dicen que la ciudad ha sido atacada en la noche-

-¿Que cosa dices?-

-Estamos averiguando con los residentes de la ciudad, esperamos confirmación-

La mañana había comenzado muy ajetreada en el enclave, mientras Valerian y otros comandantes permanecían bajo severa tensión por los constantes informes recibidos desde la ciudad.

-¿Como es posible que forasteros se infiltrasen en la ciudad sin que la guardia errante del bosque los percibiera?-

Valerian meditaba en silencio pensando en las múltiples posibilidades que podrían explicar dicho suceso, su rostro, cada vez más inquieto dejaba entrever que la ira se estaba acumulando cada vez más en su ser.

-Las posibilidades son muchas, pero ninguna de ellas me parece menos grave que la otra-

-¿Que quieres decir?- pregunto Sirenia inquietada, por primera vez se la veía mas atenta a las palabras de otro que a su felina Sarilan y a su Arco.

Valerian guardó silencio, solo los inquietantes vientos que soplaban ese día en el bosque atravesaban con un silbido inusual las salas del enclave del este.

-Temo que Kael’thas y su gente estén detrás de esto-

-¿Que?- preguntó Sirenia con un tono sarcástico -Esta bien que el Príncipe sea un traidor que corrompe a nuestro pueblo, pero ¿atacarlo directamente?- Creo que eso sería revelar su cara y facilitarnos mucho nuestro trabajo.

-¿Que acaso no te importa lo que ha pasado con nuestra ciudad?- dijo Valerian iracundamente. Sirenia lo miró pasmada, nunca antes Valerian le había alzado la voz de semejante manera.

-¿Por que el príncipe tendría algo que ver en esto?- preguntó Valdren

-La razón es más que obvia, la vigilancia de Lunargenta es infranqueable para aquellos que no conocen como funciona la seguridad, mas allá de los vigilantes, la ciudad cuenta con una barrera mágica- Dijo Valerian

Valdren reflexionó por un momento

-Ahora recuerdo que dicho sistema fue el que impidió que el ejército de muertos avanzara, de no haber contado con que el traidor de Dar’khan revelaría su posición a Arthas-

-¡Exactamente!- afirmó Valerian -Si el ejército de muertos necesito un traidor para vulnerar la barrera ¿como estos sujetos atravesaron las defensas sin siquiera ser percibidos?-

-¡Capitana!- exclamó un errante que ingresó en el cuarto sorpresivamente, Sirenia giró su mirada hacia el Elfo que parecía en extremo nervioso.

-¿Que sucede?- preguntó ella

-Un mensaje de la ciudad para usted- afirmó él extendiendo un pergamino elegantemente enrollado con el sello de la realeza.

-¿Donde están los guardias?- preguntó dicha voz con un tono que sin duda alguna reflejaba una gran ira.

-Los errantes aún no se presentan, estamos a la espera de que…-

-¡Ve por ellos inmediatamente!-

-Ya fue enviado un mensaje a cada capitán errante en los bosques- dijo un elfo vestido con finas prendas -Los capitanes deben estar próximos a llegar-

-¡Gran Magister!- dijo una voz proveniente de la majestuosa entrada a aquella estructura. -Los caballeros de Sangre y su Matriarca deben estar al tanto de lo ocurrido aquí-

-¿Y donde están?-

Poco después, de entre las cortinas internas de aquel santuario Guardialba emergió una elfa en compañía varios caballeros de armaduras rojas.

-Ya no tiene que buscarme más Gran Magister-

El elfo dio media vuelta observando a la guardiana que le había dirigido la palabra.

-Lady Liadrin ¿Quiere explicar que pasó aquí?-

Todos guardaron silencio y observaron apesadumbrados a la Elfa, quien parecía estar impactado tanto física como psicológicamente.

-Esto fue obra de… Kael’thas-

Todo el salón se hundió en un silencio sepulcral después de oír dichas palabras.

-¿Como te atreves a injuriar de semejante forma al Príncipe? hablar en contra de él puede equivaler a traición Liadrin, el castigo para semejante acto es la ejecución-

-No estoy mintiendo- Afirmó ella

-Tú y tus caballeros están dementes-

-¡LO VI CON MIS PROPIOS OJOS!- exclamo con un grito la Matriarca. El Gran Magister enmudeció.
-El Principe vino aqui, secuestró al Naaru y huyó antes de que siquiera hiciéramos nada… incluso sus seguidores, trastornados de semejante forma que ya no parecían elfos… solo eran… demonios-

El Gran Magister presionó entonces sus puños con ira desmedida, agachando su cabeza a su vez que guardaba silencio, todos los presentes lo observaban en silencio, miembros de las tres ramas políticas de Lunargenta se hallaban en esa habitación sin que ninguno se atreviera a decir palabra alguna.

-Magister- dijo la Matriarca Caballero de Sangre en un susurro apenas perceptible -No me voy a quedar de brazos cruzados, no esperaré a que Kael’thas haga lo que le plazca, si vas a oponerte a mis acciones dilo de una vez, después será demasiado tarde-

El Gran Magister no dijo palabra alguna, de aquella impaciencia que había reflejado hacía unos minutos, una calma con sabor a derrota se asomaba ahora en su rostro, lentamente, dio vuelta saliendo por el mismo lugar por el cual había ingresado. Liadrin lo miró en silencio retirarse, solo para entonces ella hacer lo propio, el lugar quedó únicamente ocupado por decenas de elfos, errantes, magistri y caballeros de sangre que se miraban los rostros unos a otros, entre ellos, Sirenia, cuya expresión parecía rondar entre la ira y la convicción, un deseo de venganza mucho más elevado que antes, en aquel lugar, entonces, un elfo de prendas militares ingresó y se aproximo a ella tocándola en el hombro, ella giró su mirada repentina, mirando a sus ojos.

-Valerian ¿Que haces aqui?-

-Ven conmigo ahora- dijo él

-Si hemos de hacer algo, debemos hacerlo ahora-

-Eso es más que obvio- dijo Valerian mientras aceleraba el paso entre las calles de Lunargenta.

-Kael’thas ha cometido una agresión directa contra su propio pueblo, ha ido demasiado lejos-

Valerian no decía ninguna palabra

-¿Que sucede contigo?- preguntó Sirenia.

-Los guardias dicen que la ciudad fue asaltada durante la noche, y mientras muchos de los Guardias dirigían su atención a pequeños inconvenientes en lugares aislados, Kael’thas y algunos de sus seguidores mas destacados asaltaron el Santuario de los Caballeros de Sangre-

-¿Que es lo que te preocupa entonces?- preguntó ella -Nuestra atención debe estar dirigida a las acciones que tomará Kael’thas en este momento-

-Debo encontrarla- dijo él entre un susurro.
-¿Que? ¿encontrar a quien?-

Los dos elfos caminaron por varias calles y plazas de la ciudad, hasta acercarse a la plaza del intercambio real, tras unos minutos alcanzaron aquella puerta, Valerian miró con atención la escena, justo la entrada a la biblioteca Albaplateada, sin embargo, cosas sin duda se hallaban fuera de orden, un gran charco rojo se hallaba a la entrada del lugar, la elegante puerta estaba abierta, lo cual no había sido usual durante las últimas semanas.

-No, no puede ser- dijo Valerian apresurando el paso para ingresar rápidamente en el lugar.

-¡Deténgase, no puede entrar ahí!-

-Valerian, ¿Que es este lugar? ¿a quien buscas?-

Valerian atravesó las escaleras de dicho aposento tan rápido como pudo, hacia adentro, la elegante alfombra que llevaba hacia la biblioteca estaba ensangrentada, lo que parecía haber en ellas era el rastro de alguien que había subido tras haber pisado el charco de sangre al exterior de dicho lugar. Una vez adentro, Valerian buscó entre los pasillos de aquella biblioteca misteriosamente ordenada.

-¡Erylem!- pronunció con fuerza -¿donde estás niña?-

-¡Estoy bien Valerian!- exclamó una voz desde el interior de las estanterías de libros.

Valerian apresuró el paso, siguiendo las huellas de sangre en el suelo, cada vez más tenues, finalmente, llego al lugar preciso donde se detenían las huellas, allí se hallaba la joven Elfa mirando hacia la estantería.

-Niña- dijo Valerian -Gracias a Belore estás bien- él se aproximó y toco a la Elfa en su hombro izquierdo, Erylem, parecía no inmutarse por la presencia del Elfo en el lugar.

-¿Que sucede?- preguntó él

Erylem parecía susurrar entrañas palabras incomprensibles para Valerian entre dientes, su atención con su mirada dirigida a un pequeño hueco, donde, probablemente, antes se hallaba un libro.

-¿Que paso aqui?- preguntó Valerian nuevamente

-¡Valerian!- exclamo fuerte Sirenia desde los pasillos de la biblioteca -el maldito guardia nos quiere fuera de este lugar-

Sirenia apareció en el pasillo caminando velozmente hasta donde estaba Valerian, tras ella el Guardia Rompehechizos con paso decidido caminaba tras ella.

-Valerian, detén a este estúpido-

Valerian giró hacia la errante y el rompehechizos plantándose frente a él de forma agresiva.

-Soy Valerian Filosol, ex-comandante de las fuerzas Sin’dorei, y tengo motivos para estar en este lugar- tras decirlo empujó con agresividad al rompehechizos quien retrocedió por la fuerza de dicha acción.

-Nadie puede estar aqui hasta que la guardia haga inspección de la escena de dicho crimen-

-Lo que paso aqui puede ser de mucha mas gravedad que ese estúpido crimen, así que ahora, ¡lárgate!-

Dijo Valerian tomando su espada, presto a desenfundarla, El guardia hizo lo propio preparándose con su alabada y su escudo.

-¡Basta!- dijo Erylem -Si van a luchar como bestias háganlo fuera de mi biblioteca-

Ambos elfos se contuvieron.

-¿Que? ¿Quien mas esta aqui?- preguntó Sirenia.

Valerian y el Guardia se miraban fijamente, Valerian recobró su compostura firme y enfundó su espada nuevamente.

-Estamos aqui para descubrir lo que ocurrió, si no te gusta, bien puedes quedarte afuera- respondió seriamente al Guardia Rompehechizos dando media vuelta.

-Dime ahora que ocurrió aqui- reclamó Valerian ubicándose a la espalda de Erylem

-Quienquiera que entro en este lugar… estaba buscando algo muy específico-

-¿Y que es ese objeto específico?-

-Uno de los libros de abjuración del pasado Albaplateada, un libro muy antiguo escrito hace siglos por un destacado magister de nuestra familia, Hael’dran Albaplateada-

-Eso no responde mi pregunta- dijo Valerian -¿Por que alguien vendría hasta este lugar a robar dicho libro y matar a un guardia sin importarle?-

-Dicho libro debería ser muy importante para él-

-Lo que no puedo creer- dijo Erylem -es que haya sido capaz de encontrarlo tan fácilmente, buscarlo debió tomarle horas entre todos los ejemplares de la biblioteca-

-Eso solo si no conocía este lugar previamente- dijo Sirenia, Erylem la miro al rostro y luego reflexionó para si misma.

-No puede ser posible, la biblioteca fue por completo remodelada tras el desastre causado por la plaga, si alguien fuera capaz de memorizar la posición de dichos libros desde antes de aquel suceso y los años que duro la biblioteca cerrada, no le serviría de nada por que la ubicación cambió desde que reacomode este lugar-

-No estamos concluyendo nada, pero…- Valerian reflexionó por un breve instante antes de guardar silencio y mirar a Erylem con un rostro que emanaba angustia

-Erylem ¿Quien conoce estos archivos mejor que tu?-

-Pues… mis padres, por supuesto, la biblioteca estuvo a su cargo durante años-

Valerian miró entonces al suelo con su rostro apesadumbrado.

-No estarás suponiendo que…-

-¿Te has enterado de lo que ocurrió en la ciudad durante la noche?-

-No… de que hablas-

Valerian suspiró y levantó su mirada dirigiéndola a la joven Elfa.

-Se ha dicho que anoche Kael’thas y varios de sus seguidores han vuelto a la ciudad… pero, no de la forma como el pueblo esperaba que regresara-

-Han atacado el sagrario guardialba, y han robado al parecer algún artefacto mágico del lugar, El Gran Magister y otros miembros de la corte personal del Señor Regente estaban indagando al respecto- dijo Sirenia

-¿Y que tiene que ver eso con lo que pasó aquí? preguntó Erylem

-No seas ingenua niña- dijo severamente Sirenia, -es obvio que…-

Valerian levantó su mano para acallar a la Errante, de nuevo dirigió su mirada a la joven Magistrix.

-Tu y yo sabemos todo lo que ha ocurrido en los últimos meses, la ausencia de tus padres, el hecho de que no habías vuelto a saber mucho de ellos, y… ahora esto- afirmó él -es posible que… sean ellos mismos los que estén detrás de lo que ocurrió aquí anoche-

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:14 pm

Capítulo 10:

"Si hubiera estado en mis manos, si tan solo hubiera viajado contigo hasta allá te habría hecho volver… Thera’dan… si tu eres un traidor… no se que es lo que le espera a nuestra gente”

Sus puños se apretaron con fuerza, pensamientos y palabras susurrantes merodeaban en su boca cerrada, y aún así, eran gritos ensordecedores en su conciencia. Voces de su pasado que iban y venían como la brisa que apañaba la vela de aquel trirreme veloz élfico, una de las naves más veloces de la armada Sin’dorei.

-¡Valerian! el viento es muy favorable… a esta velocidad llegaremos a Quel’danas en menos de dos horas-

-Es bueno saberlo Veldran-

-No es buena noticia…- replico el Elfo que inusualmente portaba su armadura de combate completa -Las fuerzas están muy retrasadas, gran parte de la fuerza Sin’dorei no ha zarpado de Vela del Sol y nosotros ya estamos llegando al mar del norte-

Valerian agravió con un gesto de molestia

-No pienso esperarlos- dijo en un susurro.

-Valerian, todos los guardias de la fuente deben estar muertos, Kael’thas y sus elfos deben tener bajo control la isla… seguramente, incluso han invocado demonios, ¿quieres tomar Quel’danas con 50 errantes?-

-¿Que acaso no fui lo suficientemente claro?- dijo Valerian con su imponente tono autoritario -Ni siquiera sabemos si piensan enviarnos apoyo… o ¿acaso olvidas que el Gran Magister era uno de los más leales siervos del Príncipe?-

Veldran sucumbió en un silencio absoluto

-Incluso es probable que este preparando un golpe de estado en Lunargenta… caso en el cual no podremos hacer nada, todas las fuerzas del Ala Dorada tienen la orden de zarpar hacia Quel’danas-

-No creo que el Gran Magister haga nada al respecto-

Valerian y Veldran dieron media vuelta

-Cuando lo ví por ultima vez en el Santuario de los Caballeros de Sangre- dijo Sirenia dirigiendo su mirada hacia mar abierto -… se veía tan conmocionado que fue como si repente toda su ira por aquel ataque se hubiera convertido en decepción-

-Sus apariencias no son razón suficiente para confiarme en él- replicó Valerian profundamente -Puede tener todo tan bien planeado que quiere hacer creer a nuestra gente algo que es mentira-

-Yo habría dicho lo mismo si estuviera escuchando eso de tu parte… pero… yo estuve ahí, y pude verlo, no puede haber mentira detrás de una acción como la que vi-

-Te sorprendería- dijo Valerian de forma despectiva, Sirenia sonrió y miró hacia el corpulento Elfo

-¿Acaso nunca has estado en una situación en la que sientes que te es imposible mentir?, ¿nunca has sentido como si unos ojos que ven más allá que tu cuerpo, que ven tus emociones y tu conciencia miraran tan dentro de ti que te sientes descubierto en medio de la nada?- Sirenia miro a los ojos de Valerian y sonrió con una naturalidad que el Elfo jamás había visto, su rostro y su cabello bañados por la luz de Belore danzaban al son de la brisa del mar del norte-

“Lo he sentido” pensó él para sí mismo, al momento después giro su mirada, nunca había sido capaz de mirar a una mujer a los ojos, Sirenia sonrió y miró de nuevo hacia las aguas extrañamente tranquilas de aquel atardecer sombrío.

-Sin embargo Veldran tiene razón, asaltar las costas de Quel’danas con 50 de mis errantes no es sabio Valerian, espero que tengas un plan entre manos... no traje aquí a los guardias forestales a mi cargo para morir-

-Ya no es como antes, cuando planeábamos nuestras estrategias de combate para defendernos de los Amani o la Plaga, esto fue un completo imprevisto, la traición de Kael’thas ha llegado tan repentinamente que el tiempo no había bastado para preparar a las fuerzas-

-Tú eres un gran estratega…- dijo Sirenia -Serviste durante más de 150 años a las fuerzas regulares Sin’dorei, y ahora eres el mayor representante del Ala Dorada- Sirenia soltó un pequeño murmullo que para Valerian sonó como una risilla -No me digas que toda esa experiencia se borró de tu mente-

El sol se ocultaba, dando paso a la noche plateada del reino Sin’dorei, aún peor que enfrentar a un peligroso enemigo, era tener que hacerlo en la noche. Allí, a los lejos, se alzaba Quel’danas, la sacrosanta sede del poder Sin’dorei… que, vista desde el mar no daba señales de alteración de ningún tipo, parecía que todos los guardias reales habían muerto sin oponer la más mínima resistencia, o puede que las fuerzas invocadas por el Príncipe fueran tan devastadoras que pensar en oponérseles fuese un completo despropósito.

-¡Prepárense!, vamos a desembarcar-

-¿Que?, ¿estas loco? estamos a casi una milla de la costa-

-¿Querias una estrategia no? pues la nuestra será el sigilo, llegar con un barco a atracar en la costa no es nada sigiloso-

-Amarren el barco, tiren anclas y cierren la vela… iremos en las barcazas de transporte, y Veldran… llama a los pocos magistri que tenemos entre nuestras filas, necesitaremos de su magia para lograr esta operación-

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:14 pm

Capítulo 11:

La noche se convirtió en día, y a medida que el tiempo avanzaba se vislumbraron las tragedias que la noche había devorado en la oscuridad. Una guerra sangrienta dada en la sombra, mas parecida a una masacre… la gran mayoría de los cuerpos sobre el suelo eran vigilantes de la fuente del sol, así, nuevamente un desfile de muerte parecido al camino de condenación traído por la plaga hacía ya años atrás.

No importaba lo que pasara, ya hasta ahora una masacre de semejantes proporciones había llamado a la puerta de los Sin’dorei y ahora volvía a hacerlo, un peligro mortal que se abalanzaba dispuesto a exterminar su demacrada raza. Ella habría de verlo antes, tal y como había sido en el pasado, aquella vez a manos de un denigrante humano que había sucumbido a poderes que se escapaban de sus manos, ahora, no era un humano, era su propio príncipe, aquel que había jurado dar un destino mejor a su gente, ¿acaso ese era el destino que le deparaba el tiempo a su pueblo?…. Erylem no podía hacer más que observar las tragedias de la batalla tras su recién desembarco en Quel’danas, su búsqueda había comenzado en su propia ciudad, alertada por el reciente ataque del Príncipe y sus subordinados entre los cuales, para su decepción, parecía encontrarse su padre.

“¿Qué pasó contigo padre?” se preguntaba ella misma inconscientemente “¿acaso olvidaste la herencia de nuestra familia?

-Este lugar no es seguro para una ciudadana común de Lunargenta, ¿Que hace usted acá?- Preguntó imponentemente un militar de aspecto duro y estricto.

Erylem giró para observar al Elfo… sus vestiduras eran radicalmente diferentes al de las fuerzas regulares Sin’dorei, coraza y yelmo de placas oscuras, además de distintivos y tabardo pertenecientes a una facción que jamás había visto antes.

-Soy una enviada de apoyo supervisora del conflicto desde el continente… la orden Magistri me ha enviado a observar las condiciones de lucha para enviar escuadrones de magos de batalla para su apoyo-

El Elfo se aproximó a Erylem lentamente, pero de forma intimidante

-Conozco bien a los magistri, y también los atuendos de un mago de batalla Sin’dorei….- afirmó el Elfo -Tú estas vestida de civil en medio de una zona de guerra, ¿crees que de esa manera creeré alguna de las palabras que estás diciendo?-

Erylem debería buscar una excusa mejor si quería permanecer en Quel’danas, guardó silencio mientras oleadas de gritos, exclamaciones y sonidos de batalla rodeaban el lugar-

-…. ¡cuidado, se acerca una segunda oleada!…. ¡arqueros! derriben a los jinetes de dracohalcón antes de que alcancen nuestras rutas de suministro….-

Los gritos de batalla sonaban espeluznantes a la distancia, mientras el supremo guardia de aquella facción extraña seguía observándola sin desviar su mirada ni por un segundo.

-El Gran Magister espera mi mensaje pronto… no puedo hacerlo esperar, no vengo a combatir, por eso no traigo mi uniforme de batalla, ¡Déjame pasar!-

-Realmente no creo que seas una maga de batalla, no tienes apariencia de ser una miembro de alguna familia de magos y aquí no aceptamos aprendices-

-Soy una miembro de la familia Albaplateada, estudié en la academia Falthrien- dijo con un tono de evidente disgusto, el Elfo cambió su expresión por un rostro menor severo.

-… ¿Albaplateada?- preguntó el elfo en un susurro -Me parece haber escuchado ese nombre antes-

-Hey… guardia… ¿quien es esa Elfa que está contigo?- preguntó una voz en las cercanías.

-No lo se señor- respondió el Elfo -Dice provenir de Lunargenta por parte….-

-Me llamo Erylem Albaplateada- dijo ella interrumpiendo al modesto Elfo quien la miró de forma severa.

-¿Erylem has dicho?, preguntó la misteriosa voz que hablaba Thalassiano con un acento extraño.

-Asi es, yo soy….- Erylem dio media vuelta para observar delante de si a un extraño individuo… que evidentemente no era un Elfo, bastante alto, de piel azulada y con extrañas características faciales.

-Soy el Vindicador Amaar, Capitán de frente de la ofensiva Sol Devastado-

Erylem, extrañada miraba las características de aquel extraño sujeto, perteneciente a una raza que nunca antes había visto en su vida, ¿Que hacía él aquí? ¿por que estaban esos extraños sujetos en el santuario más sagrado de todos los Sin’dorei?

-Esta mañana desde el sur, atravesando las lineas enemigas han llegado unos elfos enviados desde Lunargenta, un escuadrón pequeño de forestales bajo el mando de un Comandante que se presentó a sí mismo como Valerian… me dijo que vos milady vendríais, una Arcanista de nombre Erylem…-

-¿Donde están?- preguntó Erylem de forma expectante

-Varios de sus forestales se integraron a nuestras filas, en especial una capitana forestal llamada Sirenia, quien dio algunas pistas a nuestros soldados sobre los puntos claves del terreno de batalla, las fuerzas de Furia del Sol y sus aliados demoníacos se han atrincherado en la meseta de la fuente-

-¿Y Valerian?-

-El Comandante elfo ha marchado con un pequeño grupo hacia un aposento sobre la colina, se dice que allí se refugia Kael'thas, las fuerzas están prestando especial atención a dicha entrada, ya que un avance sobre la meseta de la fuente requerirá eliminar la amenaza previa que pueda atacarnos por el flanco desde ese lugar-

Erylem reflexionó durante unos minutos, conocía ese lugar… durante su vida había tenido el privilegio de visitar la isla en puntuales ocasiones, era un motivo de peregrinación casi sacra para su familia, en los tiempos en que brillaba la magia de la fuente desde el lugar más central del majestuoso palacio.

-Debo ir con él-

-Espere milady- dijo el extraño individuo -Ir allí sola sería una locura, el camino no está patrullado por nuestras fuerzas y puede sufrir una emboscada-

-Pero no puedo esperar….-

-Le recomiendo hablar antes con la Capitana errante, se encuentra en el interior de aquel enclave- dijo señalando hacia una estructura decenas de metros más adelante.

-Preparen la avanzada, antes de pensar en invadir la meseta debemos defender muy bien esta ubicación, los sirvientes de Kael’thas no nos arrebatarán este lugar. ¡muévanse!-

Tan pronto Erylem atravesó la deslumbrante entrada al enclave observó a la errante que había conocido hacía unos pocos días, allí junto a ella había parte de sus tradicionales forestales del bosque canción eterna más individuos pertenecientes a la facción del sujeto que la había guiado al lugar.

-¡Sirenia!- dijo Erylem alzando su voz, la errante alzó su mirada para observar a la joven Elfa aproximarse al centro de la sala.

-¿Que hace una bibliotecaria en medio de una guerra?- dijo sarcásticamente la Capitana -… y ¡vestida de civil!- Sirenia rió bulliciosamente tratando de tapar su boca con su mano izquierda.

-No soy solo una bibliotecaria- señaló Erylem seriamente -También soy una maga de batalla-

-No creo que tu experiencia en combate haya sido mucha encerrada tras las puertas de tu bella biblioteca- dijo Sirenia

-Sin importar lo que creas, Valerian esperaba mi llegada-

-¿Valerian?- dijo Sirenia sorprendida… -¿por que tienes que ser tan impertinente Valerian?- dijo en un susurro antes de mirar de nuevo a Erylem -Si Valerian quiere que te sirva de escolta en tu estadía en Quel’danas está muy equivocado-

-No he venido para eso- dijo bruscamente Erylem -Quiero que me acompañes a ir en su búsqueda-

-¿Que?, ¿acaso no ves que estoy comandando a las pocas fuerzas que pude traer desde vela del sol?-

-¿Acaso Valerian te dijo a donde iba?- preguntó Erylem.

-No, no lo hizo… ¿Por qué?-

Erylem sonrió ligeramente

-Valerian ha ido a la base sobre la colina, donde se supone está el Príncipe-

-¿Que?- Sirenia sostuvo su arco con fuerza, apretando su mano derecha sobre la empuñadura -Valerian… no pensarás matar tu solo al príncipe… ese también es mi deseo-

-¿Que dices Capitana?, ¿Quieres acompañarme junto con tus errantes?-

Sirenia levantó su mirada desafiante.

-Por supuesto que si, ¡forestales, conmigo!-

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:16 pm

Capítulo 12:

Unos pocos minutos después, Erylem, Sirenia y un pequeño escuadrón de forestales errantes se dirigían hacia la cima de la colina donde se hallaba un enclave principal en el cual se pensaba se había ocultado el príncipe. la vista del campo de batalla desde aquella posición ventajosa resultaba ser un lugar importante para los objetivos de cualquiera de las fuerzas en disputa en la isla.

Erylem y Sirenia miraban la meseta desde el punto alto, atentos a lo que ocurría en el interior del lugar donde cientos de demonios parecían haberse atrincherado.

-Hay algo que no me deja tranquila- susurró Sirenia mientras observaba el paisaje tras ella.

-¿Que es lo que piensas?-

-…aqui… no hay resistencia alguna por parte de los enemigos, parece que…- Sirenia giró para observar a Erylem a los ojos, su expresión cambió radicalmente -… no es algo que te interese, ni siquiera formas parte del comando militar-

-Tu si eres una persona dura- dijo la maga.

-¡Apresurate!- señaló la errante -Si no llegamos pronto Valerian habrá terminado con el trabajo-

-¿Crees que el solo podrá contra toda la escolta personal del príncipe?- preguntó dubitativamente Erylem.

-No marchó el solo, se llevo toda una tropa consigo, además, un comandante de la fuerza que ha venido en nuestro apoyo le acompañó-

-Aún así- susurró Erylem de forma intrigante -Kael’thas no es un mago común, el poder que confiere un sucesor de la familia real no es alguien que pueda ser efrentado de manera simple-

-¡Callate!- reclamó Sirenia -Valerian es un destacado comandante, él no se confiaría fácilmente… seguro debió tener un plan entre manos-

-No desconfío de eso… pero...-

En un momento se hallaba ante ellas y su grupo de errantes la entrada a aquel enclave, misteriosamente el lugar parecía demasiado solitario, las dos ellas miraban la entrada de forma curiosa, con algo de temor rondando su interior, como si hubiera sido peor encontrar el lugar indefenso a tener la presencia de la guardia personal del príncipe.

-Tal parece que debemos entrar- dijo Sirenia mientras una expresión fría de completa seriedad se reflejaba en su rostro.

-Ni uno solo vive….-

-Bajo las sombras de un negro cielo, de un negro cielo del que llueve fuego, fuego que consumirá el mundo-

Los ecos de una voz retumbaban el lugar, santuario oscuro de pesadillas inenarrables, el interior del lugar brillaba con una potente y enviciada magia corruptora.

-Tú has venido aquí, buscando algo que no deberías buscar, anhelando venganza contra el destino de nuestro pueblo-

Los pasos recorrían el lugar resonando entre los pasillos inquietantes, escuchando cada vez mas cerca.

-¿Que has venido a hacer aquí Valerian?-

El comandante élfico abrió sus ojos, su cuerpo abatido se hallaba en el suelo, encima de su cuerpo sentía la fatiga de mil batallas y el peso de cien armaduras, su mirada solo podía ver los pies de aquel quien le dirigía la palabra acercándose a él.

-He venido a... enmendar los errores de los traidores…- dijo con su voz seca y fatigada.

-¿Traidores?- preguntó la voz irritante -creo que no hace falta te recuerde quien es el príncipe ¿verdad?- preguntó la voz cada vez más altiva -¿COMO TE ATREVES A HABLAR DE TRAIDORES?- gritó la voz furiosamente, tan pronto como su pie se alzó para lanzar un tremendo puntapié al cuerpo del comandante en el suelo.

-¡Eres un imbécil!- siguió diciendo la voz mientras patadas furiosas golpeaban el cuerpo del comandante élfico.

-¡Volteate!- grito la voz tirando una tremenda patada al rostro de Valerian -… quiero que me veas al rostro si la muerte viene por ti-

La tremenda patada hizo girar a Valerian hasta que su cuerpo quedó boca arriba, sus ojos nublados podían mirar hacia el techo, el sagrario interno, la bella edificación Sin’dorei establecida como base de operaciones en el punto más elevado de la isla. Valerian se hallaba herido, sangrientos golpes habían desfigurado su rostro y había sangrado por múltiples lados, su vista agotada aún no podía ver el rostro de aquel quien lo sometía a tremendo castigo.

-Eres resistente- dijo la voz mas calmada, como si el arrebato de furia hubiese disminuido por medio de los golpes -Pero… no te preocupes, no morirás aún, y tampoco lo harás en mis manos, ese honor lo tendrá el Príncipe cuando te lleve ante él-

Valerian por fin pudo ver de nuevo el rostro de aquel quien era objeto de su ira, un elfo, sin embargo, no era un elfo ordinario, Valerian podía notarlo con tan solo observar su rostro; una piel grisácea y partida, cabello blanco y desarreglado, brotes horribles de piel que parecía resquebrajarse mostrando un repulsivo brillo verde como si su sangre fuese de ese mismo color, y… una mirada horripilante de profunda amargura teñida de magia vil.

-¿Como… has… podido?- Valerian tosió ferozmente escupiendo sangre de su boca… -¿como has podido hacerle esto a nuestra gente?-

La mirada profunda del Elfo reflejaba un rostro lleno de malicia, una sonrisa de maldad brotó de él.

-El principe ha dado un nuevo destino a nuestra gente, ¡todos son bienvenidos….! pero aquellos que se rehusen sufrirán la condena del príncipe y su nuevo amo-

-La…. Legión-

-Si…. así es- respondió sarcásticamente el Elfo.

-No lo entiendes…- dijo Valerian evidentemente herido con su voz irregular -¿desde cuando nuestro pueblo ha caído tan bajo?-

-Desde que hicimos caso de estúpidos y sus alianzas, nos aliamos con aquellos que nos desterraron de nuestras tierras y sufrimos la condena de un ejército que destruyo nuestros vestigios, ¡somos débiles!, pero ahora nos han ofrecido un gran poder… un poder para forjar un nuevo destino…-

El Elfo corrupto sostuvo a Valerian del rostro agresivamente.

-¿Por que lo rechazaríamos?- mencionó dirigiendo su mirada vil hacia Valerian.

-Por que ese poder… te ha convertido en alguien que no eres….- Valerian devolvió su mirada mas reacia esta vez al Elfo corrupto -¿Que ha pasado con tu herencia?, ¿con tu familia?… ¿Que ha pasado con tu hija?- dijo Valerian esta vez con mayor fuerza.

-Ella tendrá su oportunidad de unirse a nosotros, así como todos los elfos-

-¿Quieres convertir a tu hija en una monstruosidad repulsiva como tu?-

El Elfo vil rió bulliciosamente.

-Es el destino de nuestra gente- concluyó finalmente en un susurro el Elfo vil.

Valerian hirvió en furia mientras su cuerpo debilitado obtenía energías, la ira se apoderaba de él, lanzó un tremendo grito mientras arrojó un golpe hacia el Elfo frente a él. Haciendo que se apartara y rápidamente se levantó.

-No puedo creer que alguna vez te consideré como mi hermano, pero eso acabará ya- Respondió Valerian -Ahora te derrotaré, no importa si es lo último que hago Thera’dan…-

Las dos elfas se habían internado en el lugar, expectantes de cualquier cosa que pudiese ocurrir, al interior se hallaban múltiples pasillos y pasadizos hacia todas direcciones, sin duda alguna el lugar era demasiado grande para que lo exportaran solas, junto a ellas un grupo pequeño de cinco errantes habían ingresado, otros tantos se habían quedado en la retaguardia atentos a que ningún enemigo los atacase por la espalda.

-No tienes idea del riesgo que estamos corriendo aquí- mencionó Erylem

-No es necesario que lo digas- respondió Sirenia -aquí quien está a cargo soy yo, aparte de cumplir con mi deber debo protegerte… si algo te pasa, Valerian estará muy molesto conmigo-

-Se cuidarme sola- dijo Erylem.

-Si… claro… quizá sabes cuidarte del consumo excesivo de cristales de maná, pero esto es muy diferente-

-No es momento para que te burles de….-

Un ruido estremecedor invadió los pasillos proveniente de una de las habitaciones contiguas.

-¿Que fue eso?- preguntó inquieta Erylem

-No lo se… pero evidentemente no es algo bueno-

-Pues entonces debemos ir a ver que es…-

Sirenia sostuvo a Erylem tomándola de la muñeca con una de sus manos.

-¡Espera!, las patrullas están recorriendo los pasillos, será mejor que no te aceleres-

Erylem se contuvo repentinamente, su mirada se desvió al rostro de la errante que sin duda parecía muy nerviosa por la situación en la que estaba, era normal que los errantes se sintieran inseguros en medio de pasillos tan estrechos, pensó Erylem, sin embargo dicho ruido había sido una alerta. podría significar la presencia de Valerian y sus unidades.

-¡Andando!- susurró Sirenia, como si finalmente se hubiera asegurado que la posición era buena para avanzar.

Frente a las ellas se hallaba un salón principal… el primero en la gran plazoleta que conducía a la abadía del magister; sin duda alguna, si no habían visto tropas enemigas hasta este momento, allí dentro encontrarían las primeras. Sirenia fue la primera en atravesar el velo elegante que dividía la habitación del pasillo, lentamente, con el sigilo con el que una cazadora acecha a su presa, su arco junto a una flecha tenzada lista para ser disparada, justo atrás Erylem, que sostenía una pequeña espada gladia ornamentada; a pesar de que ella prefería usar su magia en dicho espacio cerrado no tendría tiempo de conjurar ningún hechizo si un enemigo le tendía una emboscada.

Una vez atravesado el corto pasillo Sirenia observó el interior del lugar, sin duda alguna al verlo tuvo la certeza de que un combate se había realizado en él. Sirenia avanzó con sigilo, observando cada extremo del salón vigilando que ningún enemigo permaneciera a la vista, en el suelo varias tropas tanto aliadas como enemigas parecían inertes. Sin embargo, un susurro se escucho en el lugar, era la voz de un moribundo próximo a cerrar sus ojos.

-Ustedes- dijo la voz evidentemente debilitada y frágil.

Sirenia lo observó con detenimiento, sin duda alguna era uno de los acompañantes de Valerian enviados por parte de la avanzada sol devastado, Sirenia se aproximó cautelosamente, cuidando que no se tratase de una trampa.

-No te preocupes…- dijo la voz del sujeto -… ellos ya… se fueron- El elfo sobre el suelo comenzó a toser agresivamente. Sirenia se aproximó a él para medir sus signos vitales, la elfa se agachó sigilosamente al lado del cuerpo y aproximó su mano a su cuello cubierto de sangre, -todavía tienes pulso, aunque es algo irregular- susurró la elfa.
-No te preocupes por mi- dijo el elfo sonriendo forzadamente -…preocúpate por tu líder-
Sirenia miró sagazmente al elfo, -¿lider?… no te referiras a…-
-Valerian- dijo el elfo antes de toser nuevamente -… lo… capturaron-

Sirenia apretó su arco con fuerza, evidentemente molesta por la noticia dada por el moribundo elfo.

-¿Por qué me haces esto Valerian?- susurró entre dientes -sabes que vine aquí para estar a tu lado, para que luchemos juntos, no tenias que dejarme de lado-

Las lágrimas parecían intentar asomarse en el rostro de la Elfa, viniendo tan inesperadamente como el caer de las hojas de otoño en su precioso bosque, sin embargo, la elfa se obligó a si misma a contenerse, no era propio de una elfa en su posición alivianarse por las malas noticias del frente, ya había experimentado ese dolor antes.

-¿Que pasa aqui?- preguntó Erylem acercándose a Sirenia y al Elfo herido.
-Nada- dijo Sirenia apartando su rostro de la mirada de Erylem.

El Elfo herido miró a las dos elfas intrigado, para luego sonreír plácidamente.

-Deben rescatar a Valerian, se lo llevaron al interior del recinto… el….. todavía…..-

La mirada del Elfo se desvió al techo, perdida, su voz se acalló sin decir lo que parecía querer comunicar a las elfas, su boca permaneció abierta pero inmóvil, ambas elfas lo miraron, sabiendo lo que había sido de aquel joven caballero que se había ido ante ellas.

Sirenia acercó su mano a su cuello, pero esta vez, no pudo sentir el pulso irregular que había tenido antes, se apartó de él y se levantó.

-Tú- dijo decididamente dirigiendo su palabra a Erylem -Vigila si hay alguien más con vida de los nuestros… y cuida esta posición, yo iré en búsqueda de Valerian-
-Pero…. espera-

Sirenia corrió velozmente hacia el pasadizo que daba paso al interior del bancal, dejando a Erylem sola en el lugar.

-¿Quieres seguir con esta insensatez Valerian?-

El Comandante Elfo sin duda alguna se encontraba herido y debilitado, sin embargo su determinación era fuerte y objetiva, asesinaría a Thera’dan Albaplateada antes de morir.

-Por supuesto que si, ni tú nu tu maldito príncipe vencerán a los Sin’dorei-

El Elfo vil soltó una carcajada bulliciosa y escandalosa que hizo eco en la gran sala.

-Es un desastre, que tú, que tanto te esmerabas en proteger a tu pueblo...-

Valerian sostuvo su espada magna Asil’dereth y cargó violentamente contra Thera’dan,

-… Que tanto te esforzaste por proteger nuestras tierras, quien luchó para salvar su familia y su legado de la plaga…-

Valerian dio un golpe con suma destreza en el cayado de Thera’dan, quien trataba de igualar la destreza en combate cuerpo a cuerpo dominado por el comandante Elfo, varios golpes de la espada hacían retroceder al Elfo vil quien se veía imposibilitado de contraatacar

-… ¿como puedes venir a ser tú quien le haga tanto daño al pueblo por el cual antes ofrecerías tu vida por defender?… -

Un violento golpe de Asil’dereth rompió el bastón de Thera’dan en dos partes. El Elfo vil retrocedió intrigado y sorprendido por la determinación de Valerian.

-Tu… no entiendes nada… no sabes el infierno, no sabes la sed, no conoces el hambre, las ansias y el poder- susurró el Elfo vil.
-No conoces la pérdida, el fracaso, y la desesperación, no sabes… lo que es perder a alguien….-

El Elfo vil comenzó a conjurar una energía maligna entre sus manos, Valerian lo observó y cargó inmediatamente contra él.

-… ¡Tú... no sabes nada!…- el Elfo disparó la energía vil de sus manos, haciendo volar a Valerian varios metros atrás por el impacto.

Valerian cayó al suelo, indefenso, su espada varios metros alejada de él.

-Claro que lo se, tú me la arrebataste…- dijo Valerian en un susurro. -Ella te prefirió por sobre mí-

El Elfo vil se acercó caminando hacia el cuerpo debilitado de Valerian

-No sabes lo que le pasó- dijo Thera’dan, Valerian lo miró fijamente sin desviar su mirada.

-Decidió seguir a ese maldito…. decidió largarse con ese Cazador de Demonios, luego de pensar que yo no era digno de mi legado, que yo no era digno del apellido Albaplateada, que al aceptar el regalo de la Legión y transformarme en lo que soy no era mas que una aberración para ella... maldita… maldita…-

-¿Que estás diciendo?- dijo Valerian evidentemente sorprendido.

Thera’dan lo miró fijamente.

-No importa que lo sepas, de igual manera morirás aquí mismo-

-Dime… donde está Valari…-

-Seguramente está muerta, así como tu lo estarás en unos minutos-

-Pero… ella-

-Ella traicionó al príncipe cuando vio que su nuevo amo se había transformado en Legión-

Valerian no pudo digerir las palabras que estaba escuchando, durante meses había escuchado acerca de Illidan Tempestira y su ejército de nagas y elfos de sangre, sin duda alguna su visión acerca de su pueblo ejerciendo servidumbre a un mitad elfo mitad demonio no le resultaba agradable… sin embargo, descubrir que Valari Albaplateada se había marchado con el cazador de demonios era algo que sin duda alguna le había afectado notablemente.

-Entiendo… tu dolor- susurró Valerian, -sin embargo, todo esto fue causado por las desiciones que tomaste-

-¡No me vengas con sermones!- dijo cortantemente el Elfo vil -sin importar eso ahora, tu morirás aquí, al diablo la orden del príncipe, tu existencia no se prolongará mas-

Una flecha atravesó velozmente el cuarto impactando en la espalda del Elfo vil, quien se mostró sorprendido y giró rápidamente su mirada hacia atrás, justo ahí, una elfa errante apuntaba su arco y su mirada fijamente hacia él.

-¿Que?- dijo Thera’dan evidentemente sorprendido mirando hacia la Elfa -¿Que paso con esos malditos guardias? ¿no pudieron proteger la entrada del recinto del príncipe?-

-Sire… nia- dijo Valerian alzando su mirada todo lo más que se lo permitía su debilitado cuerpo.

Sirenia miró al Elfo vil con desgano y desprecio, tomando otra flecha de su carcaj y apuntándola directo al pecho del Elfo quien la miraba sorprendido.

-No intentes nada- dijo fuertemente la errante -si mueves un solo dedo clavaré esta flecha en tu maldito vil corazón-

-¡Erylem!- dijo Sirenia alzando la voz -ve, y ayuda a Valerian, descuida, no dejaré que ese maldito elfo demonio haga nada-

Erylem apareció en el lugar, un salón majestuoso y elegante en el cual reposaban varios cristales viles traídos por los sirvientes de Kael’thas, de la entrada descendían unos escalones hasta el centro donde se hallaban Valerian y el Elfo vil separados por unos pocos metros. Erylem se aproximó dirigiendo una mirada apenas furtiva a Thera’dan sin reconocerlo. Se arrodillo ante Valerian e inspeccionó sus signos vitales, que aún se encontraban estables.

-Todo está bien- dijo ella a Sirenia.

Sirenia sonrió complacida por la noticia.

Erylem giró para observar nuevamente al Elfo vil, mirándolo esta vez más detenidamente al rostro, acto correspondido por el sujeto quien detrás de la cáscara desagradable de demonio que había desarrollado la miraba con un rostro inmutable y extrañamente pacífico. Segundos interminables que parecieron decenas de minutos transcurrieron en aquella escena inexplicable que Erylem experimentaba al mirar a dicho sujeto. Una sensación de paz la envolvió, indescriptible. Así… Erylem se agacho para recoger a Valerian del suelo… ayudándolo a levantarse sin desviar ni un solo segundo su mirada de aquel elfo demonio.

Sirenia sonrió ligeramente, apuntando su flecha al elfo vil.

Un silbido atravesó el aire, y una veloz flecha impactó en el pecho del Elfo vil, justo en su corazón, destrozándolo por completo, el Elfo cayó al suelo instantáneamente, Erylem no sintió dolor, no sintió amor, no sintió alegría ni tristeza, mientras veía al Elfo caer, no pudo sentirse feliz de ver a un siervo de Kael’thas ser abatido. Prontamente, el Elfo dejó de moverse.

Con el Elfo vil abatido, Erylem y Sirenia dirigieron su atención al estado en el cual se encontraba Valerian, sumamente herido y debilitado por la batalla.

-Eres increíble- susurró Sirenia -¿cuanto tiempo estuviste luchando solo contra ese demonio?-

Valerian no pronunció palabra alguna.

-Si venias a acabar con Kael’thas debiste avisarme, hubiera venido contigo-
-No….. no venía a eso-
-¿Entonces? ¿por qué?-

Valerian permaneció en silencio mientras pasos se escuchaban venir por detrás, eran los errantes de Sirenia acompañados de fuerzas del sol devastado.

-¿Están todos bien?- preguntó uno de los caballeros de las fuerzas aliadas.

-Si… pero debemos tratar sus heridas rápidamente- dijo Erylem mirando a Valerian.

-De acuerdo, pero, salgan de aquí, este lugar no es seguro- dijo el caballero

-Nosotros reforzaremos esta zona-

-¿Que pasará con Kael’thas?- preguntó inquietantemente Valerian.

-No se preocupen, un grupo de aventureros ha ido por él-

-¡Colóquense en guardia!- ¡Defiendan esta zona!- fueron los últimos llamados que escuchó ella mientras se preguntaba quien había sido ese Elfo demonio que había visto.

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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

Mensaje  Erylem el Miér Ene 20, 2016 6:16 pm

Capítulo 13:

Éra una plácida tarde más en Lunargenta, vista de nuevo desbordante de la luz de Belore que de nuevo cobijaba al reino de Quel’talas con su brillo dorado, ahí estaba Valerian, disfrutando del paisaje de el Bazar desde lo alto de la torre donde el Ala Dorada se había posicionado desde hacía tiempo, su mirada se dirigía hacia los múltiples Elfos que caminaban en las calles de aquella maravillosa ciudad, pero su rostro se había transformado, esta vez, la sombra de la angustia no se reflejaba en su rostro si no el brillo de la esperanza y de un nuevo futuro para su gente.

-Valerian- dijo una voz femenina a su respaldo, el giró para observar frente a él a esa hermosa Elfa, la errante que había acudido en su rescate aquel día ya hacía varios meses atrás en Quel’danas.
-Mi amada Sirenia- respondió el de forma enternecedora, la Elfa se aproximó a él con gran confianza tomándolo del rostro para darle un largo y cariñoso beso que duró unos cuantos segundos.
-Ehhh, ehhh- dijo una voz proveniente del pasillo -¿puedo pasar?-

Valerian miro extrañado hacia el exterior.

-Adelante-

Justo delante de él apareció un Elfo peculiar, Valerian parecía conocerlo de ocasiones anteriores.

-Lo siento, venia a avisarte que tenías visita- susurró Sirenia al oído de Valerian, el comandante del Ala Dorada cambio su rostro a uno más serio y duro.
-¿Que desea el Gran Magister ahora?- dijo como siempre, con su severa voz habitual de un Caballero.

El Elfo se acercó y dejó un pequeño papel ampliamente ornamentado sobre su escritorio, Valerian lo miraba fijamente sin prestar atención a la nota.

-¿Has venido a dejar un papel?- preguntó Valerian -mas bien háblame-
-El Gran Magister ofrece disculpas- dijo claramente el mensajero -Si hubiese escuchado tus advertencias con antelación muchas cosas que pasaron hubieran podido evitarse-
-Bien, pues acepto sus disculpas, ahora si deseas…-
-También me ha enviado a decirte otra cosa-

Valerian y Sirenia miraron fijamente al mensajero esperando sus palabras.

-Me ha enviado a decirte si has reconsiderado formar parte del puesto que se te ofreció hace tiempo en las fuerzas regulares de Lunargenta-

Valerian sonrió ligeramente.

-¿Que acaso el Magister no aprende?- pregunto irónicamente -No quiero tener que volver a rechazar su oferta-
-El Gran Magister por petición del Señor Regente Lor’themar Theron está buscando líderes capaces para defender el reino, él dice que tu has probado tu valía cuantiosas veces-
-No hay nada que me haga renunciar al Ala Dorada…-

El mensajero esbozó una pequeña sonrisa.

-Él sabia que dirías eso, por eso me envió a darte esto- El mensajero se aproximó y estiró una de sus manos con un papel que no devolvió hasta que Valerian aceptó la carta en sus manos.

-Ahora si, me retiro-

El mensajero hizo un ademán elegante antes de salir del lugar. Tras eso Valerian abrió la carta para leerla.



Valerian, si recibes esto es por que has respondido tal y como lo esperaba, se que no te unirás a las fuerzas de Quel’talas y que nada de lo que haga podrá cambiarlo, pero sin duda alguna tú cuentas entre los valientes que han hecho posible que Quel’talas siga existiendo a pesar de las adversidades; he aprendido que muchas veces defender a tu reino implica cuestionar las órdenes de tus superiores y también que las acciones correctas no provienen siempre de un líder si no de tu conciencia, una lección que tú aprendiste mucho más pronto.

Todos los cargos que haya hecho tu orden en el pasado han sido olvidados, ya no serán perseguidos como mercenarios, en cambio, por mi parte cuentan con el apoyo necesario para perseguir a los enemigos de Lunargenta, internos o externos…

Defiende bien a nuestra gente Valerian...



Posteriormente la carta terminaba con cortesías tradicionales y elogios vehementes, al final de esta estaba el sello real certificando la veracidad de dicha carta; Valerian sonrió de satisfacción al finalizar la lectura y doblar de nuevo el papel.

-Vaya, es raro que te haga sonreír una noticia que provenga de parte del Gran Magister- susurró Sirenia.
-Ha hecho algo gratificante- respondió Valerian, quizá podamos comenzar a llevarnos bien, incluso…-

Valerian reflexionó por unos segundos

-… hizo algo que yo debería haber hecho hace tiempo-
-¿a que te refieres?- preguntó Sirenia.
-Debo visitar a Erylem-
-Ah… si cierto, hace mucho que ella no viene a visitarnos- dijo pensativa Sirenia -¿quieres que vaya contigo?-
-No… no te preocupes, esto debo hacerlo solo-

“Querida Erylem: Es tiempo de que sepas la verdad, he guardado mucha información respecto a tus padres durante los últimos años, pero creo que es tiempo de que lo sepas, no podría soportar ocultarte esto por mas tiempo…”

Valerian caminaba por las calles de Lunargenta plácidamente,

“… Tu padre, Thera’dan Albaplateada murió el día en el que atacamos la meseta en Quel’danas, aquello que había sospechado se había hecho realidad, él fue corrompido y perdió su juicio por completo, yo mismo lo asesiné. Tu madre... Valari Albaplateada, decidió seguir su camino sirviendo a los Illidari, por lo cual es imposible saber algo sobre su paradero. Se, que a pesar de las decisiones que ellos tomaron tu y tu hermana siempre fueron lo más importante para ellos, por eso me encargaron encarecidamente el día en que se fueron, que cuidara de ti como si fueras mi propia hija, y eso es lo que he hecho durante los últimos años…”

Valerian entró en aquel conocido lugar, la biblioteca Albaplateada lenta y discretamente, subiendo cada escalón con pasos firmes y decididos, la biblioteca estaba sola, Valerian se aproximó a la mesa central y dejo sobre ella un libro y una carta.

“Espero que entiendas, y que no te tome mas tiempo del debido perdonarme, de todas maneras, eres como mi verdadera hija después de tantos años…”

Valerian Miró al escritorio por última vez leyendo la presentación de la carta antes de retirarse

"Para: Mi querida Erylem"

Erylem
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Re: El Nacimieneto del Ala Dorada

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